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En el marco de las jornadas de puertas abiertas que este fin de semana del 19 y 20 de marzo se han desarrollado en nuestro municipio para promocionar las diversas actividades turísticas que el Ayuntamiento de Santurtzi ofrecerá a lo largo de 2016, un grupo de personas preocupadas por la preservación de la memoria histórica hemos asistido a una de ellas, la visita teatralizada al puerto pesquero y al centro de interpretación Santurtzi Itsasoa que ha culminado con una recreación teatralizada de una subasta de pescado en la sede de la Cofradía de Pescadores.

Visitas guíadas

La visita ha sido muy bien conducida por Miren, la guía, que ha relatado los principales hitos históricos de nuestro municipio desde 1075 a la actualidad. Las recreaciones han sido interpretadas por tres actores del grupo Encrucijada que han dado vida a Julián, un turista de finales del siglo XIX que nos ha evocado el Santurtzi de la Belle Époque, Karmentxu, una típica sardinera que nos ha hablado de las duras condiciones de vida y de trabajo de las gentes dedicadas a la pesca y, finalmente, Rogelio, en su papel de subastador o cantador en la sala de subastas de la Casa para Venta del Pescado (popularmente denominada la cofradía), cuya construcción concluye en 1916 siguiendo los planos del arquitecto municipal Emiliano Pagazaurtundua. Este año, pues, celebramos su centenario.

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Merece la pena la asistencia a este tipo de actividades porque son muchos los santurtziarras que desconocen, casi por completo, el asunto de la subasta de la pesca capturada por nuestros arrantzales. Las subastas tenían lugar de martes a viernes durante toda la temporada (de mayo a octubre, fundamentalmente) en la cofradía hasta no hace tantos años, ya que la última tuvo lugar el 25 de mayo de 2000. Y, sin embargo, es una actividad de enorme interés etnológico que se debe preservar como parte de nuestro patrimonio inmaterial.

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La subasta, también conocida como venta al encante es, por definición, un sistema de venta que adjudica un bien al mejor postor. Hay varios tipos de subasta según el producto y el tipo de comprador. En el sector pesquero todavía se emplea la subasta a la baja, también denominada subasta holandesa: desembarcado el  pescado y congregadas las sardineras en la sala (lonja, cofradía), el subastador (denominado cantador en Santurtzi, vocablo que incluso ha generado un apodo familiar) marca un precio de salida del pescado acordado con el patrón del barco o el miembro de la tripulación en el que delega esa responsabilidad.

Este precio de salida va bajando gradualmente hasta que un comprador (sardinera), en competencia con el resto, detiene la subasta a voz en grito y adquiere el pescado por el último precio cantado, sin posibilidad de contraofertas. La subasta a la baja permite vender rápidamente mucha cantidad de producto perecedero y hacer llegar al consumidor pescado fresco del día, pescado pocas horas antes, un atributo muy valorado en este tipo de alimento. De aquí el prestigio de las famosas sardinas, anchoas, etc. de Santurtzi y del Abra en general.

Para determinar el valor de la pesca a subastar se exponían unas muestras para comprobar la calidad del producto antes de comenzar la subasta. Cada sardinera evaluaba a cuándo la podría comprar y a cuánto la podría vender para sacar un beneficio y en función de ese cálculo detendría antes o después la subasta. Como en todo, la experiencia era un grado, la picaresca estaba a la orden del día pues el pescado expuesto solía ser seleccionado entre lo mejor de las capturas para elevar su precio y había que tener en cuenta que quien antes compraba antes llegaba al consumidor final y antes vendía su producto. Más allá de las 13:30 era muy difícil vender o había que hacerlo a muy bajo precio.

El procedimiento inicial para adjudicarse la subasta, a mano alzada y a viva voz, generaba no pocas riñas y altercados entre las sardineras así que, con el tiempo, se implantó un sistema más moderno, el uso de la curiosa mesa de subastas o bombo que todavía se conserva aunque necesita una intervención para garantizar su conservación. Se trata de un dispositivo electromecánico con terminales en cada uno de los asientos numerados de los bancos de la sala de subastas. Cuando una de las sardineras quería adjudicarse un lote de pescado pulsaba el botón ubicado en el lateral del asiento y un impulso eléctrico en la mesa dejaba caer la bola numerada correspondiente a ese asiento. Aun así, las disputas entre sardineras no cesaron, era mucha la rivalidad y la necesidad.

Un asistente del cantador, el secretario, tomaba nota del nombre del comprador, del lote adjudicado, cantidad (por raseros o baldes) y del precio de venta. Extendía una papeleta y con ella iba la sardinera hasta la embarcación en donde le entregaban la pesca adquirida.

Como ya he comentado, la mesa de subastas no está en buenas condiciones. De hecho no se podría utilizar porque el mecanismo electromecánico no funciona. Y su reparación requiere de la intervención minuciosa de un especialista. Tampoco debemos pensar que es una pieza única aunque desde luego es una rareza. Apenas hay noticia de tres o cuatro ejemplos más según me informa Luis Javier Escudero Domínguez: uno en Mutriku (en la cofradía), dos en el Museo del Pescador de Bermeo (uno manual y otro eléctrico) y otro en Ribadesella.

En Bermeo ya se utilizaba un sistema similiar y un aparato llamado La Bola en 1877, según constató el viajero francés Lucien-Louis Lande en su obra Basques et Navarrais, souvenirs d’un voyage dans le nord de l’Espagne.

En Ribadesella la mesa de subastas es muy semejante a la nuestra. Se conserva en la sede de la Cofradía de Pescadores Virgen de la Guía. El antiguo sistema de subasta a la baja se denomina Rula y todavía funciona la mesa de Rula, de forma circular, dividida en 5 secciones con 10 hoyos numerados con una bola en su interior. Cuando el comprador detiene la subasta pulsando el botón en una moderna pantalla se muestra su número y en la mesa de rula el hoyo con ese número hace saltar la bola. En el caso de que varios compradores pulsen a un tiempo, el número de cada uno de ellos destacará en la pantalla pero en la mesa de rula sólo saltará una bola con el número del ganador de la subasta. Tradición y modernidad caminan de la mano sin problemas.

Interior Cofradía Rivadesella

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Sobre el origen de nuestra mesa de subastas la única pista que tenemos es la placa que conserva en un lateral y la leyenda, sin confirmar, de que procede de la cofradía de Zierbena.

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Mesa frontal

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Está realizada también en madera y es algo más grande que la de Ribadesella. Tiene forma de decágono regular, dividida en 10 secciones de 6 hoyos. Fabricada por una empresa denominada Miguel y Felipe con sede en el casco viejo de Bilbao. He encontrado algunas referencias e incluso imágenes de esta empresa en viejos anuarios comerciales de comienzos del siglo XX.

Hojalatería Miguel y Felipe

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Pero, aun así, no podemos establecer la fecha exacta en que se construyó esta curiosa mesa y su relativamente complejo sistema eléctrico interior ni cuándo y cómo llegó a Santurtzi. Otro misterio a resolver…

Respecto a la subasta tenemos una interesante referencia publicada en una revista científica ilustrada dedicada a las ciencias marinas y a la oceanografía en sus distintas ramas. Fue editada por el Instituto Español de Oceanografía entre 1916 y 2007. Nos interesa la primera época (1916-1929), cuando esta publicación mensual del Ministerio de Marina se llamaba Boletín de Pescas. En el número correspondiente a diciembre de 1921 aparece una muy interesante reseña a la subasta de pescado en Santurtzi. Se puede consultar on line en la Biodiversity Heritage Library.

El artículo en cuestión, titulado La pesca marítima en España en 1920. Costas vascas, es el resultado de un extenso trabajo de campo realizado por el capitán de corbeta e inspector de pesca José María Roldán.

Este personaje examinó los libros de cuentas de cada cofradía para recopilar en su trabajo diversos aspectos relativos a la actividad pesquera en los puertos de Bizkaia y Gipuzkoa: las condiciones de los puertos y de las embarcaciones pesqueras, las artes de pesca empleadas, volumen de pesca capturada y precio, las diferentes unidades de medida (al peso, volumétricas, por docenas o millares, etc.), el origen y organización de las cofradías, las industrias auxiliares y  de transformación, etc. Recomienda uniformizar esos libros para que sea más fácil comparar y extraer la información.

Muy interesante es la referencia expresa que hace a la subasta en Santurtzi y en Zierbena.

El resto del informe no tiene desperdicio. Trata, como ya he comentado antes, de los puertos, las embarcaciones y los aprovisionamientos, de la raba (tan importante para la fama de la sardina santurtziarra) y cebo, del aprovechamiento de despojos, de las regatas (que según José María Roldán causan grandes perjuicios!!), de las industrias auxiliares (astilleros, redes, jarcias y cordelería, anzuelos, etc.) y de las industrias derivadas (salazones y conservas), etc. Pero esto es otra historia…

Concluye el artículo con dos imágenes del puerto pesquero de Santurtzi, del que dice que es el único que reúne las debidas condiciones. Era entonces el más moderno, ya que el muelle se concluyó en 1912 y la Casa para Venta del Pescado en 1916.