La capilla del colegio de las Hijas de la Cruz, al formar parte del recinto escolar y estar oculta por uno de esos horrorosos edificios de viviendas construidos durante la época de especulación inmobiliaria, pasa bastante desapercibida.

Se trata de un edificio construido casi al mismo tiempo que el colegio, unos años más tarde. Si el colegio inicia su actividad docente en 1861, la capilla se concluirá en 1865, aproximadamente.

Como he comentado en la entrada dedicada al proyecto de una nueva iglesia de san Jorge, en las últimas décadas del siglo XIX, uno de los estilos arquitectónicos más en boga era el neogótico, especialmente empleado en construcciones religiosas por su simbolismo.

Y, efectivamente, a este estilo corresponde esta capilla aunque más como recurso ornamental, decorativo, que estructural. Según el experto Gorka Pérez de la Peña, es el resultado de integrar soluciones ornamentales neogóticas en un edificio que compositivamente no es armónico.

El arquitecto responsable del proyecto fue Miguel Anselmo Garrastachu Abasolo. Nació en la localidad alavesa de Okondo en 1810, Fue bautizado tal día como hoy, el 21 de abril. Obtuvo el título de arquitecto por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el 26 de mayo de 1844. Falleció en Bilbao el 12 de agosto de 1883.

Según nos cuenta Gorka Pérez de la Peña, esta capilla es una obra decisiva en la arquitectura contemporánea de Euskal Herria por ser uno de los primeros ejemplos de la introducción del neomedievalismo en la arquitectura vizcaína, de ahí que Miguel Garrastachu realizara un vago ejercicio de neogótico. El elemento más destacado es su fachada principal que se articula en tres cuerpos: una sencilla portada clasicista, un cuerpo intermedio con tres vanos neogóticos (rosetón central y dos ventanas apuntadas a los lados) y un remate con una esbelta espadaña que se perfora con dos huecos apuntados. De las campanas no puedo decir nada porque no tengo información ni fueron incluidas en el inventario realizado en 2004.

La techumbre a dos aguas está sostenida por una sencilla armadura de madera.

En el interior del templo hay que destacar cuatro elementos. El empleo de dos columnas de hierro fundido para soportar el coro superior fue una solución constructiva muy avanzada para la época.

Y el retablo neogótico, que es un elemento muy transcendente por ser igualmente pionero en la aplicación de este estilo en el arte mueble religioso en Bizkaia.

Varias ventanas apuntadas de la fachada lateral de la capilla (la no adosada al colegio) se cierran con vidrieras neogóticas con motivos ornamentales muy simples. Únicamente, a media altura destacan dos leyendas en letra gótica.

Pero la vidriera realmente importante, que se encontraba en la cabecera de la capilla, plenamente orientada al Este.

Ahora está ubicada en otro lugar del colegio que no se merece ni por antigüedad ni por calidad.

Es una fantástica vidriera neogótica, la más antigua que se conserva en nuestro municipio. No se a qué advocación de la Virgen puede corresponder.

Y al igual que la capilla y el retablo son ejemplos pioneros del empleo del neogótico en Bizkaia, lo mismo puede decirse de esta magnífica vidriera. Desconocemos el nombre del autor, del fabricante. Las vidrieras de la catedral del Señor Santiago de Bilbao, las de su primera fase (1864-1867), contemporáneas de esta, son del maestro vidriero Lagrand. Otro candidato podría ser el maestro vidriero Lusson. O quizás ninguno de los dos… Solo un experto en vidrieras neogóticas podría aclararnos esta cuestión.

Lo que es seguro es que fue realizada por encargo de Ricardo de la Quintana Murrieta [tío de Juan José de la Quintana] en 1865 tal como indica la inscripción en la parte inferior de la vidriera: Orate pro bono itatu Ricardo de la Quintana qui hanc fenestram fieri fecit. A.D. 1865.

Casi cien años después de su instalación en la cabecera de la capilla, durante las obras de ampliación del colegio (se levantan dos pisos sobre el edificio original) en 1959-1960, según proyecto de Luis Saloña Sagredo, la vidriera fue extraída de su lugar original y reubicada al final de un pasillo de uno de los inmuebles que conforman el colegio.

En ese momento se modificó la capilla. Se añadió un módulo a la derecha para ampliar la superficie de la capilla. Esa ampliación permitió, a su vez, agrandar el coro superior en el que se instalaron unas gradas. También se hizo la nueva y amplia sacristía detrás de la cabecera. En lugar de la vidriera, que con esas obras quedaba cegada, se instaló una imagen de la virgen, la Virgen Niña, que actualmente sigue ocupando su lugar, con motivo del primer centenario del colegio. Su coste fue sufragado con las aportaciones del alumnado.

El cuarto elemento que destaca en el interior de la capilla se encuentra en el coro superior, a los pies de la capilla y al cual se accede ahora desde el interior del colegio. En el encontramos otra pieza importante del patrimonio santurtziarra, el primer órgano de la iglesia de san Jorge, donado por Cristóbal Murrieta y su socio Francisco Luciano de Murrieta en 1852. Se trata, al igual que el retablo, un órgano de estilo neogótico.

El órgano fue donado a Santurtzi por Francisco Luciano y Cristóbal Murrieta en 1852. En la escritura pública de donación del órgano (y del reloj Losada del campanario de san Jorge), otorgada el 23 de julio de ese año ante el escribano público (notario) Eduardo Vildósola por medio de su representante y cuñado Juan Tomás de Arrarte, se subraya que los donantes se reservan perpetuamente para sí y sus descendientes su propiedad, a cuyas manos volvería si dejara de dar servicio público a los vecinos de Santurtzi.

Existe (o existía) una segunda placa que hace referencia al constructor del órgano. No he podido verla, quizás se encuentra en la parte trasera. Gracias al trabajo inédito de Jenaro Urtiaga titulado La música y el canto en Santurce, conocemos la inscripción.

J. W. Walker & Sons Ltd es una firma británica de constructores de órganos establecida en 1828 por Joseph William Walker en Londres. Los órganos Walker fueron instrumentos muy populares en las iglesias británicas durante la era del Revival gótico en la época victoriana. Los órganos construidos por Walker se encuentran no solo en el Reino Unido sino también en muchos otros países europeos. La firma continúa construyendo órganos actualmente.

Finalmente, años más tarde (¿años setenta-ochenta?), se ejecutaron nuevas obras que vuelven a transformar la capilla. Se cerró el acceso desde la capilla al anexo lateral, el cual se trasformó en un aula con acceso por el patio. La ampliación del coro también se cerró y hoy es la capilla privada de las monjas.

Mucha historia santurtziarra condensada en un reducido espacio que merece la pena conocer y difundir. No puedo concluir la entrada sin agradecer la colaboración de María Carmen Alcedo.