Las vidrieras son un elemento artístico muy interesante tanto por las técnicas artesanales utilizadas en su fabricación como por los motivos empleados en su diseño, muchos de los cuales son creaciones de grandes artistas del dibujo.

En 2015 tuvimos la oportunidad de participar en una visita guiada por Santurtzi para conocer las diferentes vidrieras artísticas que aún subsisten en nuestro municipio. Esta actividad fue organizada por la Red de Bibliotecas Municipales y conducida por Paula Mónica Betanzos. Esta experta maestra vidriera explicó las características del vidrio y las diferentes técnicas de fabricación artesanal de vidrieras, la importancia de los contrastes entre los colores, la variación y combinación de tonos, el diferente efecto de la luz natural y la artificial sobre las vidrieras, etc. Sin embargo, en aquella didáctica visita se echó en falta profundizar en la historia de las vidrieras santurtziarras que pudimos visitar.

Hace ya un tiempo publiqué una entrada dedicada a las centenarias vidrieras de la casa consistorial y se ha tratado de pasada de otras, como la del palacio Casa Torre, las del hospital San Juan de Dios, etc.

Así pues, ha llegado la hora de abordar uno de los elementos más interesantes del escaso patrimonio histórico-artístico que conserva la iglesia de san Jorge: sus vidrieras. Se instalaron sucesivamente entre 1917 y 1922, sin poder precisar con más exactitud. Algunas ya son centenarias a día de hoy y el resto lo será en un par de años. Respecto a su autoría, podemos citar dos importantes empresas especializadas en la fabricación de vidrieras artísticas: Vidrieras de Arte y Maumejean.

El promotor de este proyecto de ornato de la iglesia fue su párroco Jenaro Oraá Mendia. En abril de 1906 Jenaro Oraá es nombrado cura ecónomo de la iglesia de San Jorge. Apenas un año después, logra que el papa Pío X proclame a la Virgen del Carmen como patrona de Santurtzi el 29 de mayo de 1907. En julio de ese mismo año tiene lugar la primera procesión marítima. Don Jenaro desarrolla una intensa actividad pastoral, pero además quiere que su iglesia parroquial brille no sólo en lo espiritual sino también en lo terrenal.  Un año después de asumir la dirección espiritual de san Jorge se instala el magnífico órgano Didier y en 1909 llega a proponer incluso la demolición de la milenaria iglesia para ser sustituida por otra iglesia mucho más grande.

Como la pretensión de Jenaro Oraá de construir una nueva iglesia no se lleva a cabo, entre 1917 y 1922 se realizan una serie de obras en la actual iglesia para dotarla de unas elegantes vidrieras.

Antes de entrar en materia, conviene recordar cuáles son los espacios principales en que se divide la iglesia para ubicar correctamente las vidrieras. La planta del templo presenta tres naves de tres tramos más el crucero, de mayor anchura, cuyo centro está cubierto por una cúpula sobre pechinas que no es perceptible desde el exterior. La cabecera (el tramo final de la nave central) es estrecha y rectangular. Excepto el tramo central del crucero, los techos de cada sección de las naves y la cabecera se cubren con bóvedas de arista y a modo de lunetos.

Las imágenes antiguas, publicadas en buena parte como tarjetas postales, nos permiten observar el estado y la evolución que presentan las fachadas laterales, fundamentalmente la fachada sur, la más fotografiada. En esta fachada, orientada hacia la casa consistorial, a comienzos de siglo XX (1901-1915) apenas hay cinco ventanas enrejadas de pequeño tamaño.

En la orientada al norte, a la actual plaza Juan José Mendizabal, ni siquiera hay ventanas, excepto en el crucero.

Debía ser una iglesia bastante oscura, iluminada casi exclusivamente por velas y cirios y, con la llegada de la luz eléctrica, por elegantes lámparas de bombillas incandescentes de limitada potencia lumínica.

Sin embargo, hacia 1917-1920 ya podemos observar cambios significativos. En primer lugar, se ha transformado un vano en el crucero, que pasa de ser rectangular a crecer y culminar en arco de medio punto, aunque todavía no es el gran ventanal actual que todos conocemos.

Más tarde, una de las pequeñas ventanas de la fachada se ha transformado en un gran ventanal de estilo diocleciano o termal. El aspecto exterior del tramo central original no es idéntico al actual.

Y aparece un nuevo vano en la fachada que se corresponde con el final de la nave lateral. No sé con seguridad cuál es el orden, pero díría por el análisis de las fotografías que la termal es posterior.

En 1923 ya están abiertas todas las ventanas de la fachada sur: la de arco de medio punto en el coro, las dos falsas ventanas termales en la fachada sur y la gran ventana de medio punto peraltado en el crucero que ha sustituido a la ventana modificada apenas uno o dos años antes.

Auque parece que las secciones laterarales de las ventanas termales no tienen aún sus correspondientes vidrieras.

La fachada orientada hacia la plaza Juan José Mendizabal ha tenido peor suerte. Del periodo que nos interesa sólo he encontrado una fotografía y no abarca toda la fachada.

Hoy, esa fachada permanece oculta tras el edifico anexo construido en 1978. En la siguiente imagen vemos dos ventanas acabadas en arco de medio punto en la nave lateral y una gran ventana de medio punto peraltado en el crucero.

En la fachada este del templo se han abierto dos ventanas (al final de las naves laterales) y se han transfomado las dos existentes en la cabecera.

En las reformas de la iglesia a finales del siglo XIX se observa que en la sacristía anexa la pequeña ventana rectangular ha sido sustituida por una mucho mayor, acabada en arco de medio punto. Subsiste ahí hasta la reforma, en mi oponión desastrosa, de 1978.

No sé si este nuevo vano de medio punto recibe una vidriera, pero la verdad es que actualmente se conserva una vidriera en el interior de la actual sacristía que responde a esa forma y tamaño. Es de un estilo bastante diferente a las del resto la iglesia y por su ubicación, a ras de suelo, se infiere que esa no era la ubicación original de la vidriera.

En resumen, el proyecto de dotar de vidrieras a la iglesia de San Jorge se desarrolla a lo largo de cinco años aproximadamente. Se realiza por fases, más o menos anuales, abriendo dos vanos e instalando sus correspondientes vidrieras, de forma simétrica con respecto al eje longitudinal de la iglesia. Algunos de esos nuevos vanos son incluso modificados en apenas uno o dos años, agrandándose para acoger las dos vidrieras grandes.

 

Una vez enumerados y situados los nuevos vanos que se abren en las fachadas de la iglesia entre 1917 y 1922 es imprescindible consultar las escasas fuentes de información a nuestra disposición para contextualizar las nuevas vidrieras.

En primer lugar, los libros de fábrica, de cuentas y papeles varios de la parroquia de San Jorge. Actualmente se conservan en el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia. En estas fuentes encontramos las anotaciones de ingresos y gastos destinados tanto al culto como al mantenimiento de los edificios.

También hay que consultar fuentes secundarias: el inédito trabajo de investigación del párroco Luis Pinedo titulado Historia de la parroquia de San Jorge de Santurce, el libro Centenario del Patronazgo de la Virgen del Carmen en el pueblo de Santurce de Jesús Díez y el trabajo de investigación también inédito de Francisco Cabo Carrasco titulado Ecos del centenario.

En los libros de fábrica, de cuentas y papeles varios aparecen diversas referencias a las vidrieras, pero en ninguna de ellas he encontrado la mención expresa a las dos empresas fabricantes: Maumejean y Vidrieras del Arte (constituida en Bilbao el 6 de noviembre de 1917). Esta información se puede inferir de la firma que aparece en la vidriera de la procesión marítima (Maumejean) y de un anuncio publicitario publicado en la prensa de la época en septiembre de 1919, respectivamente.

Además, afortunadamente, se conservan los bocetos realizados por la casa Maumejean para las dos grandes vidrieras con lo que la autoría de la de San Ignacio también está confirmada. Supongo que el vidrio con la firma se perdería durante uno de los dos desgraciados sucesos que padeció la iglesia en 1932 (incendio provocado) y 1937 (caída de una bomba).

Sobre la financiación de las vidrieras los registros que aparecen en los libros de fábrica son los siguientes:

En 1917 aparecen dos menciones: un donativo de Aurora Vildosola para una vidriera por importe de 1.200 pesetas y otro donativo de otra mujer sin identificar por el mismo importe. Se anota un gasto de 2.400 pesetas para la instalación de dos vidrieras. Ingresos y gastos van de la mano.

En 1918 se registra el donativo de Aurora Vildosola y de Juan José de la Quintana para vidrieras por importe de 9.200 pesetas. Se anota un gasto de 9.200 pesetas para instalación de vidrieras.

En 1920 se registra un donativo anónimo por importe de 6.000 pesetas, otro donativo de Juan José de la Quintana por importe de 9.000 pesetas y un tercer donativo, también anónimo, por importe de 1.000 pesetas. Se anotan dos gastos en vidrieras de 15.000 y 1.000 pesetas respectivamente.

En el archivo diocesano se conserva un oficio con fecha de 1 de noviembre de 1920 de Jenaro Oraá al Obispo de Vitoria en el que solicita permiso para la instalación de dos vidrieras más. El presupuesto asciende a 20.000 pesetas. Cuenta para ello con un donativo de 10.000 pesetas entregado por Juan José de la Quintana y 1.000 de los recursos propios de la iglesia. El obispo concede el permiso el 10 de noviembre siguiente, pero aconseja que no se encarguen las vidrieras hasta haber conseguido el importe total.

Por testimonios populares, en las vidrieras de la procesión marítima podrían aparecer representados personajes de la familia Quintana Murrieta. Era muy común que los benefactores figurasen en las obras que patrocinaban. Juan José de la Quintana aporta el 50% del coste total de la obra, así que es probable que estas dos grandes vidrieras sean las que se instalan en 1921.

En 1921 se registra un donativo anónimo de 3.132 pesetas y otro de Juan José de la Quintana por importe de 6.800 pesetas para dos nuevas vidrieras. Se anota el correspondiente gasto en vidrieras por idéntica suma.

En 1922 aparece otra mención: un donativo para dos vidrieras de Juan José de la Quintana por importe de 3.500 pesetas.

En resumen, por los datos registrados en los libros de fábrica entre 1917 y 1922 se invirtió de recursos propios y de donativos para vidrieras la suma de 41.032 pesetas. Los mayores donantes fueron dos personajes ya mencionados en varias ocasiones en el blog, precisamente por su labor filantrópica: Juan José de la Quintana Murrieta y Aurora Vildosola de los Campos.

El incendio provocado el 18 de enero de 1932 y el bombardeo aéreo ocurrido el 29 de abril de 1937 causaron importantes daños a las vidrieras, además de calcinar la imagen original de la Virgen del Carmen y el tímpano de san Jorge.

Jesús Díez, en Centenario del Patronazgo… cuenta que las vidrieras se dañaron considerablemente en 1932 (incendio) y de nuevo en 1937 (bombardeo aéreo). Las que más sufrieron fueron precisamente las más grandes. La de la procesión fue la primera en recibir trabajos de restauración. La de san Ignacio fue restaurada más tarde.

En los libros de fábrica se cuenta que ese mismo año de 1937 se pide presupuesto a Unión de Artistas Vidrieros de Irún para restaurar las vidrieras, pero se desestima por parecer demasiado caro. Y se decide solicitar otro presupuesto a Vidrieras Delclaux. Así, con este nombre, aparece reseñada la empresa, aunque creo que se trata de un error involuntario, ya que en esa época la empresa se denominaba, desde finales de 1917, Vidrieras de Arte.

De nuevo, los libros de fábrica nos proporcionan oportunamente la información necesaria. En 1941 se anota un donativo de 1.925 pesetas para arreglo de las vidrieras y un gasto de 2.780 pesetas para pagar el trabajo de restauración realizado por Vidrieras de Arte. En 1956 se realiza un nuevo pago de 13.534,5 pesetas a Vidrieras de Arte por nuevos trabajos de restauración de las vidrieras. En esos arreglos se añaden elementos heráldicos y leyendas alusivas a tres personajes santurtziarras fallecidos en diferentes circunstancias durante la guerra civil, “martires” del bando vencedor en la contienda.

Durante las décadas centrales del siglo XX (1940-1980 aprox.), algunas ventanas (las tripartitas) permanecieron cegadas, tapiadas por el exterior.

En 1983, aprovechando diversas obras de reparación del pórtico y fachadas fueron liberadas de la capa de cemento que las ocultaba.

Este es, en resumen, el devenir de los vanos con vidrieras en sus cien años de vida. Como siempre, toda colaboración para completar o corregir la información será bien recibida. En la entrada consecutiva se tratará de su diseño, iconografía y significado.