El beaterio de la Merced de Santurtzi es una institución completamente desconocida en nuestro municipio. Hasta ahora, solo el párroco Luis Emiliano Pinedo había investigado el tema en los años 70 del pasado siglo, pero como no llegó a publicar sus estudios, recogidos en un manuscrito titulado apócrifamente Santurce: apuntes históricos, no ha tenido la adecuada difusión. Tampoco disponía de los medios actuales y se limitó a consultar detenidamente los libros de la parroquia de san Jorge, que no es poco. Así que, aprovechando que en 2018 se celebra el octavo centenario de la orden de la Merced, voy a publicar ordenadamente todas las referencias que he ido recopilando sobre esta desconocida entidad religiosa santurtziarra.

Beatas era la denominación que en el pasado se daba a ciertas mujeres piadosas que vivían apartadas del mundo, o bien solas, o bien en beaterios, es decir, en pequeñas comunidades vinculadas en ocasiones a la tercera orden franciscana o a la orden de los predicadores (dominicos). Envueltas a menudo en una aureola de santidad, gozaban de cierto prestigio entre las clases populares. En el caso de Santurtzi, el beaterio existente estaba vinculado a la orden mercedaria.

Esta advocación tiene su inicio hace 800 años, cuando la Virgen María, en su advocación de Virgen de la Merced, se apareció el 1 de agosto de 1218 a tres ilustres barceloneses: a san Pedro Nolasco, quien sería precisamente el fundador de la Orden de la Merced; al rey Jaime I de Aragón el conquistador y a san Raimundo de Peñafort, fraile dominico, maestro general de su orden de predicadores y confesor del primero. Diez días después de la aparición, los tres caballeros se encontraron en la Catedral de Barcelona y compartieron haber tenido la misma aparición: la Virgen María les pedía la fundación de una orden religiosa dedicada a la redención de los cautivos. Sería la Orden de la Merced para la redención de los cautivos.

La iconografía usada para representar a la Virgen de la Merced queda definida a partir del siglo XVI, consistiendo fundamentalmente en el hábito mercedario: túnica, escapulario y capa, todo en color blanco, con el escudo de la orden en el pecho. Otros elementos recurrentes son las cadenas y el grillete, símbolos del cautiverio.

Un personaje femenino muy importante en la orden, de hecho la primera religiosa mercedaria,  fue santa María de Cervelló (Barcelona, 1230-1290). Es también conocida como María del Socorro por los relatos que cuentan que fue vista, en vida y después de muerta, acudir en ayuda de las naves de la redención en medio de enormes tempestades. Se le invoca como patrona de navegantes para evitar naufragios y por lo general se le representa con una embarcación en una de sus manos. Este aspecto me parece muy interesante a tener en cuenta en una población como Santurtzi que durante siglos fue patria de cientos de mareantes.

En 1384 la Orden de la Merced fundó el convento de Santa María en Burtzena (Barakaldo) que tuvo un notable influjo en el territorio. Tiempo después, la Orden de la Merced abrió numerosos beaterios a cargo de laicos, que se ponían al servicio de la obra de redención de cautivos. Fueron de gran ayuda para la colecta de limosnas y para la acogida de los cautivos liberados que volvían enfermos o sin medios. Estos beaterios vizcaínos florecieron al amparo de la comunidad de Burtzeña: Santurtzi (anterior a 1464?), Bilbao (1514), Deusto (1520), Markina (1545), Arrankudiaga y Larrabetzu (circa 1548), Berriz (1550), Ibarra (1563) e Ibarruri (1594). De este último se conserva el edificio, que ostenta el escudo de la orden en la fachada. Así podría haber sido el aspecto del beaterio santurtziarra.


Durante la Baja Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, siglos XV-XVI, convertirse en beata fue un fenómeno ampliamente documentado. En aquellos siglos no estaba bien vista la soltería femenina, pero profesar en una orden religiosa no estaba al alcance de mujeres sin recursos ya que era obligatorio aportar una elevada dote para ingresar en el convento. De forma más o menos espontánea un grupo reducido de mujeres laicas, las beatas, se juntaban voluntariamente para vivir en común y dedicarse a la oración, al trabajo y a ejercer tareas de enseñanza (catequesis) o labores piadosas y caritativas. Pero no vivían en clausura ni profesaban votos como las religiosas (monjas). Casi todos los municipios importantes tuvieron algún beaterio.

A partir del Concilio de Trento se exhortó a los beaterios a convertirse en monasterio o convento con los tres votos solemnes de pobreza, obediencia y castidad, y el cuarto de clausura. Como medida de presión se prohibía recibir nuevas novicias a los beaterios que no impusiesen la clausura.  Es decir, si un centro no aceptaba imponer la norma, estaba abocado a extinguirse. Muchos beaterios se opusieron puesto que la clausura impediría desarrollar actividades de las que dependía el sustento económico de estos beaterios: su dedicación a la enseñanza religiosa de niños y doncellas y al adiestramiento en las labores y gobierno de la casa, la visita y el cuidado a enfermos que carecían de familia, amortajar a los difuntos, otros trabajos manuales, etc.

Por alguna razón desconocida, el beaterio de Santurtzi, pudo continuar sin tener que transformarse en convento de clausura. En Bizkaia solo encontramos otra excepción, el beaterio de las agustinas de Markina (se extingue en 1846 con la muerte de la última beata, como sucede en Santurtzi).

La historia de los beaterios y su transformación en conventos ha sido estudiada en profundidad por Nere Jone Intxaustegi. Dos artículos suyos son de lectura recomendable: Beatas, beaterios y conventos: origen de la vida conventual femenina vasca y Beatas y beaterios vizcaínos: desde el nacimiento medieval a la extinción del siglo XIX.

En este último la autora señala la existencia de dos beaterios en Santurtzi, el adscrito a la orden de la Merced, protagonista de esta entrada, y otro adscrito a la Tercera Orden de San Francisco, cuya patrona es Santa Isabel de Hungría, por lo que las beatas fueron conocidas como terciarias o isabelinas. De las isabelinas de Santurtzi dicen que en 1631 seguían sin haber abrazado la clausura y que la comunidad desapareció con la muerte de la última beata (antes de 1655).

Como ocurre en otros muchos ámbitos de la historia de Santurtzi, desconocemos la fecha exacta de fundación del beaterio y el nombre del fundador o protector que dotaba inicialmente con una serie de bienes a la institución. Tampoco sabemos si se adscribió desde el comienzo a la Orden de la Merced, aunque es probable dada la cercanía y la reputación del convento de Burtzeña. Y son muy escasas las referencias que encontramos a lo largo del tiempo.

La primera referencia cronológica la encontramos en la biografía de Lope García de Salazar (1399-1476) realizada por Sabino Aguirre Gandarias. Según cuenta, a raíz de una riña conyugal, Juana de Butrón y Mujica la esposa del cronista se separó definitivamente y en 1464 se retraxo a un monasterio de Santursi en una casa situada cabe la iglesia de las beatas. No sé si este beaterio se corresponde con el mercedario o con el terciario-isabelino.

La segunda referencia conocida data de 1574. Se trata del testamento otorgado por Pedro de la Torre,  vecino de Mamariga, en el que se cita el beaterio de la Merced y a una de las beatas, la primera que conocemos por su nombre: Madalena de Nocedal.

Tenemos noticias de otra beata nacida en Galdames en 1609, Magdalena Ballibian Achuriaga. José María Urrutia Llano en su obra La casa Urrutia de Avellaneda, publicada en 1968, dice literalmente que fue monja en el convento de Nuestra Señora de la Merced en Santurce. Es evidente, a la vista de lo comentado, que utiliza los términos monja y convento como sinónimos de beata y beaterio.

Las beatas, adscritas a la citada Orden de la Merced, presentaron para su aprobación sus  ordenanzas al arzobispo de Burgos en 1688, a cuya jurisdicción pertenecía Santurtzi. En el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia se conserva el documento, fuente de información imprescindible para conocer sus normas de funcionamiento, usos y costumbres. Este documento se reclama tras un previo auto de visita pastoral (de inspección), visitas que más o menos regularmente se realizaban en cada diócesis. En sucesivos autos de visita reflejados en los libros de la parroquia de san Jorge (1705, 1708, 1724, 1739, 1800) se menciona el beaterio y se añade información adicional sobre sus reglas y prácticas. También aparece mencionado en otro tipo de documentación. En 1769, en respuesta a la demanda del Vicario, el párroco de san Jorge le informa que en el beaterio de la Merced viven siete beatas.

De 1744 se conserva un interesante protocolo notarial de Matías de Villar, una compraventa. La madre comendadora Rosa de Nozedal, y las beatas San Joseph de Balparda, María de Trinidad San Pedro de los Heros, y Francisca de Mercedes y Nozedal, venden al matrimonio formado por Joseph de Echavarria y María de Larrazabal un terreno por 100 ducados de vellón.

El diez de marzo de 1754, la santurtziarra Marina del Valle otorga una escritura de fundación de censo en favor del beaterio de Nuestra Señora de la Merced del Concejo de Santurce, ante el escribano Manuel Antonio de Aranguren. El citado censo era una especie de contrato hipotecario, una forma de pago aplazado, instituido por la madre de una futura beata para dotar a su hija, Brígida del Valle, para que pudiera ingresar en el beaterio. El pago de los réditos de este censo se incumple en 1793 y el beaterio demanda al entonces propietario de parte de los bienes hipotecados, entre los que se encuentra una casa en el barrio de Mamariga.

En 1794, el sacerdote Manuel de Salcedo escribe una detallada descripción de nuestro municipio que remite al geógrafo y cartógrafo Tomás López de Vargas Machuca (Madrid, 1730-1802) para la confección de su inconcluso diccionario geográfico-histórico. El manuscrito se conserva en la Biblioteca Nacional en Madrid, pero existe una copia microfilmada en la Biblioteca Foral de Bizkaia. Respecto al beaterio dice lo siguiente:

Y así se refleja en el primer volumen del citado diccionario, publicado en 1802:  Hay finalmente un beaterio de nuestra Señora de la Merced en Santurce.

En el Censo de Policía realizado entre 1825 y 1826 cuatro mujeres (censadas en el Tercio de Cabieces) declaran como estado u ocupación la de beata de la Merced. Son las siguientes: sor María Antonia, sor Mercedes, sor Nicolasa y sor Trinidad. Todas ellas dicen ser naturales de Santurtzi. En aquel momento declaran tener entre 48 y 56 años de edad.

Durante la regencia de la reina María Cristina se inicia un proceso conocido globalmente como la desamortización de Mendizabal.  Entre 1835 y 1837 se firman una serie de reales órdenes por las que se suprimen los conventos de órdenes religiosas (con algunas excepciones, como escolapios y hospitalarios y las Hermanas de la Caridad), se expropian sus bienes y se ponen en venta. El beaterio de Santurtzi es uno de las instituciones religiosas afectadas. El intercambio de correspondencia que se conserva entre la Comandancia General de Vizcaya, la Diputación del Señorío de Bizkaia y la Diócesis de Santander (a la que pertenece Santurtzi entre 1760 y 1862) en la que se cita expresamente el beaterio santurtziarra no aclara el asunto. Pero, en mi opinión, fue probablemente suprimido como institución entre 1836 y 1837, ejecutando las citadas reales órdenes y demás decretos complementarios.

De las beatas registradas en el Censo de Policía, el grupo de genealogistas santurtziarra SGZ ha localizado las partidas de defunciones de tres de ellas. Sor María Antonia se nos resiste. Son las siguientes:

  • sor Mercedes Quintana Barco fallece el 7 de febrero de 1840.
  • sor María Rosa de la Santísima Trinidad Escarzaga fallece el 12 de junio de 1845.
  • sor Nicolasa del Espíritu Santo Zuazo Balparda fallece el 13 de diciembre de 1851. Esta partida es muy interesante pues el párroco consigna que era la última beata que existía en el suprimido beaterio de la Merced de Santurtzi.

En 1850, en el auto de visita del obispo de Santander se recoge el inventario de los efectos trasladados a la iglesia de san Jorge que pertenecieron a la ermita del desaparecido beaterio de la Merced. Entre ellos se cita un retablo de madera con las efigies de la Virgen de la Merced, san Pedro Nolasco, y santa María del Socorro.

Durante su larga existencia, aproximadamente tres siglos,  el número de beatas vinculadas al mismo tiempo al pequeño beaterio de Santurtzi siempre fue muy reducido: entre tres y siete. La comunidad se sometía a la autoridad de la madre comendadora. Era elegida por la comunidad para un periodo de tres años, sin posibilidad de reelección consecutiva.

Vestían las beatas de ropa interior modesta y sobre ella el hábito blanco mercedario de tejido basto de estameña o su similar llamado anascote. Sus austeras celdas, únicamente decoradas con alguna imagen de devoción carecían de mesa o escritorio y aún de puerta, haciendo sus funciones una cortina de tela. Dos almohadas, dos colchones y un jergón junto a dos mantas completaban el aderezo de la habitación. Dada la pobreza del beaterio todo ello había de ser aportado por la nueva beata.

El día a día de las beatas transcurría entre el tiempo dedicado al trabajo y a la oración. La jornada comenzaba a las cinco y media de la mañana en verano y una hora más tarde en invierno. Realizaban las tres comidas diarias a las seis, las diez y a las seis (una hora más tarde en invierno), siendo preparadas por la hermana refitolera. Asistían diariamente a misa a la iglesia de san Jorge. Caminaban en formación de dos en dos y sin pausa, sin pararse a conversar con seglares y menos aún con hombres, aunque fueran sus padres, hermanos o familiares. Las salidas del beaterio no podían realizarse en solitario, siempre tenían que ir al menos dos beatas juntas.

Los hombres no podían acceder al edificio excepto el médico, oficiales de oficios para realizar reparaciones o el sacerdote a administrar la extremaunción. En este último caso podía ser acompañado de cualquier persona para visitar a la enferma. Ningún hombre podía pernoctar en el beaterio. Las mujeres sí que podían acceder a las celdas para visitar a las beatas, pues como hemos comentado, nunca adoptaron la clausura.

He dejado para el final la cuestión de la situación del beaterio. De las beatas de Santurtzi no ha quedado casi ningún recuerdo, pero el edificio utilizado como beaterio subsistió mucho más tiempo reconvertido en escuela de primeras letras. Es posible que en sus cuatro siglos de vida cambiara de lugar hasta ubicarse finalmente en la sede que conocemos, empleada después como escuela, la de Fermín Repáraz. En la actualidad, en ese solar se ubica el edificio que acoge el euskaltegi y la escuela de idiomas. Luis Emiliano Pinedo lo ubica un poco más arriba, en la intersección entre la calle José Gurrutxaga y el grupo de viviendas 8 de marzo, justo debajo de Fontuso, apunta Carlos Glaría. En el Censo de Policía de 1826 las beatas están censadas administrativamente en el Tercio de Cabieces.