NAUFRAGIO DEL AVE MARÍA SANTÍSIMA

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NAUFRAGIO DEL AVE MARÍA SANTÍSIMA

Gracias a la colaboración de los amigos de Santurtzi Historian zehar vamos recuperando numerosos retazos de nuestra, hasta hace unos años, descuidada memoria histórica. El 6 de junio de 1978, hace justo cuarenta años, se hundía una embarcación pesquera santurtziarra a consecuencia de un incendio. Y gracias a Juani Monsuri, que me ha facilitado la información, podemos rememorarlo.

El Ave María Santísima había sido construido en los  astilleros Murelaga (Lekeitio) en 1961. Su matrícula y folio eran BI-1-2923. Tenía las siguientes dimensiones: 18,80 m de eslora, 5,37 m de manga y 2,60 m de puntal. Declaraba 54,05 toneladas de registro bruto. Al cabo de 15 años, en 1976, fue comprado por un matrimonio vecino de Santurtzi (Federico González Arrondo y su esposa) y formó parte de nuestra flota pesquera apenas dos años.

En la madrugada del martes 6 de junio de 1978 el pesquero se incendió y hundió a unas 14 millas de la costa, a la altura de Zumaia. Todo sucedió muy rápido. Las llamas se propagaron a tal velocidad que los doce tripulantes se vieron obligados a lanzarse al mar en las balsas neumáticas salvavidas. En el triste suceso, los arrantzales lo perdieron todo. No les dio tiempo a recoger nada, ni objetos personales ni la documentación del barco. Ni el patrón pudo recuperar su propia cartera con 28.000 pesetas. Poco después fueron recogidos por otro pesquero santurtziarra, el Nuevo Montehermoso que los desembarcó en Santurtzi al día siguiente.


Federico González Arrondo, armador y patrón, relató con detalle el suceso nada más tocar tierra. La tarde del lunes partieron del Abra. Hicieron algunos lances y capturaron unas 60 cajas de anchoa. A eso de las siete de la tarde regresaron a puerto con el fin de echar hielo en la bodega y, al poco, se hicieron nuevamente a la mar, hacia el Este. Pescaron durante toda la noche. Pasadas las 4 de la madrugada escucharon una pequeña explosión en la cámara del motor. El motorista de guardia dio la voz de alarma, pero después todo fue confusión…

El pesquero comenzó a arder como una antorcha, quedándose sin luces en cuestión de segundos. Por fortuna, los tanques de combustible estaban llenos. Eso les salvó. Si las cámaras hubieran estado medio llenas, los gases habrían provocado una tremenda explosión. De todas formas, las llamas se extendieron rápidamente a la totalidad del pesquero. Utilizaron los extintores, pero fue inútil. Las llamas eran enormes y no consiguieron ni siquiera controlar levemente el fuego.

Al comprobar la gravedad del incendio, el patrón llamó por radio al Nuevo Montehermoso, que se encontraba a cuatro millas de distancia. El patrón ordeno arriar las lanchas salvavidas. Primero echaron el bote, con dos hombres. Luego la balsa de estribor, pero tuvieron que soltar la cuerda porque quemaba las manos. El barco seguía navegando y no podían resistir el tirón de la balsa. Se dirigieron hacia la segunda balsa y, aunque al principio se resistió a hincharse, al final saltó y la botaron por babor. Fueron quince minutos muy angustiosos. Se distribuyeron entre las dos balsas y el bote y remaron con todas sus fuerzas para alejarse del Ave María Santísima. Temían que explotara en cualquier momento o que el hundimiento del pesquero les arrastrase consigo.

En la oscuridad de la noche el espectáculo era sobrecogedor. Las llamas podían verse desde dos millas de distancia, según declaró José María de la Sota Cabrera, el patrón del Nuevo Montehermoso, que a toda máquina se dirigía hacia el pesquero siniestrado. Por fortuna, el mar se encontraba en calma.

Al cabo de dos horas, a las 6 y media, y ya a salvo en la cubierta del Nuevo Montehermoso, vieron como el Ave María Santísima se hundía pesadamente, uno de los más marineros y mejor preparados de los once pesqueros que formaban entonces la flota pesquera santurtziarra.

Ninguno de los tripulantes resultó herido, pero las pérdidas fueron cuantiosas, más de 12 millones de pesetas. El seguro, al parecer, tan solo cubría dos millones. Hacía un año que habían instalado un nuevo sonar, valorado en casi millón y medio. Precisamente, en esta ocasión se dirigían a Ondarroa o Pasajes para vender los 2.000 kg de anchoas acopiados en la bodega y tratar de reparar el sonar.


La tripulación estaba formada por los siguientes pescadores, la mayoría vecinos de Santurtzi:

– Federico González Arrondo (patrón), Fede.
– Pedro Benoya Díez
– Nicanor Echaniz Campos, Niki.
– Domingo Fernández Zabala
– Ramón Henales Castillo, el andalúz.
– Julián Hule [o Ule] Larrauri
– José Miguel León Vivanco
– Justo Martínez Magdaleno
– Eduardo Monsuri Torre
– José Monsuri Torre
– Jesús Olabarrieta Oviña
– Carlos Sañudo Freire, natural de Santoña.
– Joaquín Serna Llonín
– Luciano Torres Fernández

Un comentario

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