El 14 de febrero de 1978, hace exactamente 40 años, se constituía el grupo de danzas Mamarigako Etorkizuna. Este aniversario merece que dedique una entrada para difundir su historia, cuatro décadas dedicadas a la promoción de una parte muy importante de nuestro patrimonio etnográfico, las danzas vascas.

Los comienzos de Mamarigako Etorkizuna fueron modestos. No había antecedentes de un grupo de danzas en el barrio hasta la creación del Bihotz Gaztea en 1967, aunque se bailara en diversas fiestas. En aquella época, finales de los años 60 y principios de los 70 del pasado siglo XX, en casi todos los municipios vascos comenzó a revitalizarse con mucha intensidad el folklore propio que había estado reprimido durante toda la dictadura franquista. Hubo una gran eclosión de grupos, cada batzoki tenía el suyo.

Sin embargo, Mamarigako Etorkizuna no nació en el seno de un batzoki, fue uno de tantos grupos que surgió cuando un grupo de amigos, conscientes de que había que recuperar y fomentar nuestras tradiciones y amantes de las danzas vascas, inició con mucha ilusión esta aventura. Este grupo de amigos había estado ensayando informalmente al lado de la escuela del barrio y al cabo de poco tiempo dieron un paso adelante. El 14 de febrero de 1978 se constituyó formalmente la asociación y el 21 de marzo del mismo año se inscribió en el Registro de Asociaciones. El nombre hace referencia al barrio en que el grupo hunde sus raíces, en que viven sus miembros, y al optimista futuro que estaba entonces por llegar.

De aquellos primeros miembros es preciso citar al primer presidente, Ángel González Azcona “Tenderillo”, a la primera tesorera, Pilar Bengoetxea González, al primer monitor, Josu Fernández Ibáñez, etc. El primer domicilio social fue un local cedido por un amigo del grupo. Ensayaban en la sede del grupo Lora Barri de Portugalete, fundado en 1965. Josu Fernández era dantzari del grupo jarrillero y, como no dominaba todas las danzas, los miembros de Mamarigako Etorkizuna acudían a aprender y ensayar allí. En alguna ocasión, incluso bailaban con ellos en algún alarde de danzas.

Unos años después, el 16 de abril de 1980, Mamarigako Etorkizuna compró la sede actual, en la calle Vista Alegre, 9. Mientras se acondicionaba el local (oficina, vestuarios y baños, etc.), el grupo ensayaba en la antigua escuela de parvulitos de Vallejo, la actual Kultur Etxea. Algunas fotos de la primera etapa del grupo:

Las danzas exigen cierto nivel de compromiso que no siempre se puede cumplir por incompatibilidad de horarios, obligaciones escolares o laborales, etc., y el grupo fue mermando en miembros y actividad hasta cesar en 1985, aproximadamente. Una década después, con motivo de la celebración el 17 de mayo de 1998 del Bizkaiko Dantzari Eguna en Santurtzi, el primer monitor del grupo, Josu Fernández, hizo un llamamiento, en octubre/noviembre de 1997 a los antiguos dantzaris con la intención de retomar la actividad.

En la sociedad Bihotz Gaztea se coordinaba la organización del programa. Acudieron todos los grupos de danza de Ezkerraldea, Meatzaldea y resto de Encartaciones. Estefanía Fernández Frías, Fani, miembro de este grupo de danzas y que en aquella época también enseñaba bailes a los del Mamarigako, invitó a Amaia Vivanco Notario a esas reuniones. Y aunque Mamarigako Etorkizuna no bailó en el Bizkaiko Dantzari Eguna de 1998, sí que participó en su organización.

A partir de entonces adquiere un papel relevante Amaia Vivanco Notario, dantzari desde los inicios y monitora del grupo entre 1998 y 2015. Otras monitoras cuyos nombres hay que citar son: Eguzkiñe Zubia Abad, Aratxu Etxebarria Abad y Zuriñe Mantilla Rodríguez.

Actualmente el grupo está dirigido por Andoni Arriola Arana, el presidente desde hace 15 años, e Iratxe Vivanco Notario, la vicepresidenta y monitora de un grupo de amas. El grupo continua siendo modesto por falta de medios. No tiene objetivos marcados de carácter anual. No es un grupo que busque la “profesionalización” de sus miembros. Además, su ámbito de acción es fundamentalmente el barrio de Mamariga.

Cuenta con casi un centenar de miembros en activo, organizados por ocho monitores que enseñan a siete equipos de baile: dos grupos de txikis, dos grupos de amatxus que dominan las coreografías propias de las romerías, uno de veteranos, etc. La franja de edad de los dantzaris ha oscilado siempre entre los 5 y los 30 años.

Las mujeres son mayoría. Esto es algo generalizado y denota un cambio en la filosofía de las tradicionales danzas vascas. Antes, la moral marcaba que debían ser los hombre los únicos que bailaran. En el pasado siglo se rompió poco a poco con ese postulado y las mujeres comenzaron a bailar hasta ser mayoría. Como ejemplo, podemos citar el aurresku femenino de 1921.

Los hombres jóvenes son pocos porque, en el contexto actual, es difícil competir con el fútbol. El intervalo de 12 a 16 años que está vacío. Esta ausencia podría poner en peligro el futuro de Mamarigako Etorkizuna. Los miembros del grupo ensayan por las tardes, de lunes a viernes, dos horas por grupo. Los monitores hacen un gran esfuerzo para adaptarse a los horarios en los que la mayoría de los asociados puede acudir a los ensayos.

El grupo dinamiza el barrio a lo largo de todo el año, participando activamente en las fiestas patronales (en torno a la Virgen del Mar, el 8 de septiembre), Santa Águeda, Carnaval, Olentzero, etc. Su esfuerzo ha tenido su recompensa. Además del cariño del barrio de Mamariga, el pasado año Mamarigako Etorkizuna recibió el Premio Santurtzi 2017 que otorga la asociación hostelera Santurtzi Gastronomika.

No debemos olvidar que las danzas tradicionales son parte de la expresión cultural de cualquier pueblo. Sería una insensatez permitir que desaparecieran, ya que ese pueblo perdería algo fundamental: sus raíces.