Uno de los actos más emblemáticos de las fiestas patronales de nuestro municipio es la procesión de la Virgen del Carmen que en 2017 cumple 110 años de existencia desde que el papa Pío X la declarara patrona de Santurtzi. Y, sin duda, el elemento más significativo es la imagen procesional que simbólicamente la representa.

Para documentar su historia debemos recurrir a cuatro fuentes: el inédito trabajo de investigación realizado por el sacerdote y párroco de San Jorge, Luis Emiliano Pinedo Murga; la obra de Jesús Diez titulada Centenario del Patronazgo de la Virgen del Carmen en el pueblo de Santurce, editada en 2008; el trabajo de investigación que también permanece inédito de Francisco Cabo Carrasco titulado Ecos del centenario y la obra de Rafael de Nicolás Matute titulada Santurtzi, Sancti Georgii, Santurce, editada en 2011.

  • La imagen original

La imagen original tiene sus raíces en Sestao, en el convento carmelita denominado “Desierto de San José de la Isla” que existió entre 1719 y 1834 en el lugar conocido popularmente como La Punta o Campa del Carmen.

Un grupo de frailes carmelitas descalzos, mendicantes que vivían de las limosnas y de su propio trabajo, vino a parar a este paraje situado en el denominado alto de San Nicolás de Ugarte. Este nombre se origina por la existencia de una ermita dedicada a este santo, patrón de los mareantes, y porque en esa zona confluyen una serie de ríos como el Castaños y el Galindo que dieron lugar a una lengua de tierra de aluvial (de ahí el topónimo Ugarte, entre aguas) muy fértil que los carmelitas cultivaron durante más de un siglo. De la existencia del convento carmelita surgirá el topónimo Desierto (entendido como lugar de oración y recogimiento) que todos conocemos y que comparten Barakaldo y Erandio.

Entre 1719 y 1729 edifican el convento. Y la Virgen del Carmen es entronizada en la primitiva ermita de San Nicolás, que se mantenía junto al convento, postergando a su santo patrón. Hacia 1802 esta ermita amenazaba ruina y se reedifica. Se inauguró en julio de 1804, dedicada ya exclusivamente a la Virgen del Carmen. Se dotó de un nuevo retablo con su correspondiente imagen de la Virgen del Carmen, todo hecho para la ocasión. No se conoce al escultor o imaginero que la realizó.

La disputa dinástica a la muerte de Fernando VII entre los partidarios de su hija Isabel II y los partidarios de su hermano Carlos (los carlistas) provoca un conflicto bélico, la primera guerra carlista, que influye en el devenir del convento carmelita de Sestao. Con la promulgación en 1836-1837 de las leyes desamortizadoras de bienes pertenecientes a órdenes religiosas se procede a incautar, subastar y repartir los bienes expropiados que aún tenían valor. Es curioso que Sestao, en cuyo término municipal estaba ubicado el extinto convento carmelita, no tomase o conservase nada del mismo y, sin embargo, Bilbao, Portugalete y Santurtzi se vieran beneficiados y recibieran tapices, pinturas, retablos, imágenes, etc.

El 17 de diciembre de 1840, el cabildo de la parroquia de San Jorge, que necesitaba renovar su maltrecho retablo, dedicado evidentemente a San Jorge, solicita al corregidor político del Señorío (gobernador provincial) y este le concede unos días después, en calidad de depósito, el del convento carmelita de Sestao. Con este retablo llega a Santurtzi la imagen de la Virgen del Carmen que, poco a poco, va adquiriendo mayor relevancia en la iglesia de San Jorge.

Sin embargo, popularmente se ha difundido otra versión, una épica leyenda, que es la que ha acabado de suplantar a la más prosaica realidad. Según esta fábula, en 1834 se produjo un gran incendio en el convento que amenazaba con calcinarlo por completo. Al conocerse la noticia en Santurtzi, una trainera patroneada por Joaquín San Martín Garay (según cita Rafael de Nicolás) o Juan Simón San Pelayo (según Jesús Diez) subió por la ría hasta La Punta a tiempo de rescatar la imagen de la Virgen del Carmen que, de este modo, pasó a ser venerada en nuestro municipio.

En cambio, del estudio de la documentación conservada en el archivo parroquial de San Jorge, ahora en el Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia, se deduce que el traslado se efectuó, en febrero o marzo de 1841, en solemne procesión en un barco propiedad y pilotado por Juan Simón San Pelayo, capitán de la marina mercante y práctico del puerto de Bilbao. Así lo citaba, respectivamente, La Gaceta del Norte el 23 de julio y El Nervión el 23 de julio de 1907.

Como ya he comentado, la devoción por la Virgen del Carmen en Santurtzi es considerable desde entonces. De hecho, en 1897, hace 120 años, se instaura oficialmente una cofradía dedicada a la Santísima Virgen del Carmen. No cabe duda que este hecho es fundamental para la posterior solicitud e institución, diez años después, del patronazgo de la Virgen del Carmen sobre nuestro municipio.

Y con el patronazgo comienza la tradición, que nace de forma un tanto espontánea, de embarcar a la virgen para realizar una procesión marinera. De esa primera procesión, que se celebró el 21 de julio de 1907, tenemos una buena fotografía en la que se aprecia con bastante calidad la imagen y características de la Virgen del Carmen. Es importante observar la disposición del Niño, de pie y con una cabeza de angelito a sus pies.

En enero de 1932, el incendio intencionado de la iglesia de San Jorge a consecuencia de la inestabilidad política del momento redujo a cenizas, entre otros objetos y ornamentos litúrgicos, aquella venerada imagen de unos 130 años de antigüedad.

  • La imagen actual

Cuatro años más tarde, en enero de 1936, es instalada y bendecida una nueva imagen, muy similar a la original, costeada por Carmen Vildósola de los Campos. Tiene, por tanto, algo más de 80 años. Es la que actualmente vemos en el retablo mayor.

En julio de 2018 Begoña Pagazaurtundua aprovechó el momento de adornar la imagen para la festividad del Carmen para examinarla. Descubrió dos inscripciones que me ha hecho llegar. En la primera se observa la firma del escultor, la fecha y el lugar de realización de la imagen.

El escultor Ricardo Font Estors nació en Madrid el 17 de julio de 1893. Era hijo del también escultor Francisco Font Pons, catalán afincado en Madrid junto a su mujer. Ricardo estudió Bellas Artes en Barcelona y Madrid y obtuvo el título de Profesor de Dibujo con premio extraordinario.

Se dedicará a la imaginería religiosa en el taller paterno. Al fallecer su padre, Ricardo continúa el trabajo. Cuando termina la Guerra Civil (1936-1939) se traslada a otro taller también en Madrid. A diferencia de la tendencia seguida por la gran mayoría de escultores de posguerra, Ricardo Font se aleja de la producción masificada de imágenes. Suele trabajar solo, y en algunas ocasiones, llama a algún oficial que le ayude. Su obra constituye el legado vivo de un escultor que amó profundamente su oficio. Sólo la enfermedad logró apartarle de la escultura, por espacio de seis meses. Falleció el 11 de febrero de 1982.

En la segunda inscripción se recuerda a Aurora Vildósola de los Campos fallecida en 1932 y seguramente la auténtica comitente de la imagen.

  • La imagen procesional

Por último, la tercera imagen de la Virgen del Carmen que conocemos es la que se emplea actualmente en la procesión marítima. Durante los primeros dos años se utilizó la original, la de Sestao, pero el peso de la talla aconsejó encargar una imagen más ligera expresamente para procesionar. Fue costeada por Casilda de la Quintana Murrieta. En las fotografías correspondientes a la procesión de 1909, publicadas en la prensa de la época, se puede observar que ya se utiliza esta imagen, diferente de la original (se aprecia, sobre todo, en la disposición del Niño, sentado en lugar de estar de pie).

Esta imagen se salvó en el incendio y tiene, aproximadamente, 108 años de existencia. Tampoco conocemos al imaginero autor de la escultura.  En su base conserva una serie de estampaciones de sellos de tinta bastante difíciles de leer a primera vista. Después de su análisis podemos concluir que se trata del sello de La Minerva, un taller de imágenes de cartón piedra que hubo en Madrid.

Estilísticamente, se trata de tallas realizadas en madera y cartón piedra, policromadas y estofadas, que buscan un realismo convincente. Las imágenes que se conservan presentan una factura regular.