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Hace 85 años, un incendio provocado el 18 de enero de 1932 redujo a cenizas buena parte de los muebles y ornamentos litúrgicos de la iglesia de san Jorge, una pérdida irreparable para el escaso patrimonio histórico-artístico de nuestro municipio.

Las causas de este lamentable acontecimiento no están del todo claras aunque la información sobre los hechos es relativamente abundante. El incendio de la iglesia puede enmarcarse dentro de los denominados “Sucesos de Bilbao” que tuvieron amplia repercusión en la prensa de la época.  A través de ella podemos componer las distintas versiones que se dieron en su momento.

El domingo 17 de enero, el partido Comunión Tradicionalista celebró un mitin en el frontón Euskalduna de la calle Hurtado Amézaga en Bilbao. Al término del acto, grupos de socialistas y republicanos mostraron su repulsa manifestándose por la ciudad. Frente al teatro Arriaga, cercano a la sede del Círculo tradicionalista, los manifestantes fueron tiroteados muriendo inmediatamente tres personas y sufriendo otras heridas de diversa consideración. Se convocó una huelga general para el día siguiente y se invitó a la población a acudir al entierro de las víctimas, entierro que resultó multitudinario.

En Santurtzi, al día siguiente se celebraba en el parque la concentración de repulsa convocada por las clases obreras y republicanas de los pueblos cercanos para denunciar esos sucesos del día anterior. El acto de protesta comenzaba a las 16:00 h y estaba previsto que tomaran la palabra el concejal del Ayuntamiento de Santurtzi Valentín García Díez por los republicanos, Felipe Pereiro por el Partido Comunista, Saturnino Aransáez Aransáez por la C.N.T. y Tomas Sánchez Cámara por el Centro de Sociedades Obreras de la U.G.T. El mitin se desarrollaba sin incidentes cuando, al comenzar su discurso el representante de la C.N.T., se escucharon varios disparos. Se produjo un gran alboroto. Los asistentes a la asamblea, unos 4.000 según las fuentes, empezaron a dispersarse sin orden ni concierto.

El autor de los disparos fue un conocido tradicionalista llamado Alfredo Ferry (o Ferri o Berri, según las diferentes fuentes) Calpe, capitán de infantería retirado que perteneció al cuerpo de guardia del fuerte del monte Serantes. En aquellos momentos trabajaba de inspector en la Compañía del Tranvía Eléctrico Bilbao-Santurce.

Nada más disparar huyó, perseguido por numerosos asistentes al mitin. Se refugió en su domicilio, en el tercer piso del número 14 de la avenida Murrieta, desde donde siguió tiroteando a la multitud congregada en el parque. Mientras una parte del grupo perseguidor, también armado, respondía a sus tiros con más tiros (según El Liberal más de 200 disparos en total), otra parte se dirigió al surtidor de gasolina que estaba ubicado frente al monumento a los Murrieta. Pretendían prender fuego al edificio, pero en el último momento recapacitaron al darse cuenta de que se trataba de una casa de vecindad.

Cambiaron de objetivo y decidieron descargar su rabia quemando la iglesia adyacente. Este tipo de acción era bastante frecuente en esos tumultuosos inicios de la II República y, al parecer, ya lo habían intentado el día anterior, rociando con gasolina y prendiendo fuego a la puerta de acceso. En esa ocasión, según se cuenta, varios vecinos de las casas colindantes sofocaron el incendio con mantas húmedas.

Pero durante la tarde del día 18 de enero san Jorge no iba a tener la misma suerte…

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Un grupo de asistentes al mitin arrojó gasolina a través de una de las ventanas del edificio (señalada con una X) y, además, forzando la puerta de la iglesia, roció el interior con la misma gasolina extraída del cercano surtidor. Prendieron fuego al combustible y la iglesia comenzó a arder por los cuatro costados.

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Mientras tanto, en los alrededores se generalizaron los altercados en los que también participaron grupos nacionalistas. Solo hubo dos heridos de bala: Luis Barquín Arteche en el brazo derecho e Ignacio Lanzagorta Lecuona en la región axilar. Estos vecinos del barrio de Cotillo, de 23 y 25 años respectivamente, fueron asistidos en el domicilio del médico Guillermo Gorostiza, padre del conocido futbolista del mismo nombre, apodado Bala Roja. Que no hubiera muertos y sólo dos heridos fue, en aquellas circunstancias, una afortunada casualidad.

Desde la casa consistorial se llamó al alcalde, Anacleto Unzueta Echevarria, que se encontraba en Bilbao en el funeral de los fallecidos en Bilbao el día anterior, para contarle lo sucedido. Este, a su vez, se lo comunicó al gobernador, el cual mandó a la Guardia Civil y a los servicios de incendios (que no llegaron tiempo al ser bloqueados en Barakaldo o Portugalete). Se practicaron dos detenciones, el citado Alfredo Ferry y, según informaba el día 20 el periódico El Sol, el nacionalista santurtziarra Lezo Urreiztieta Rekalde, del que existe una biografía editada en 1990.

Como hay tantas interpretaciones como tendencias políticas involucradas, en mayor o menor medida, en estos hechos, os remito a la documentada entrada publicada en el blog de la Red de Bibliotecas en su versión en euskera o en castellano.

El párroco de la iglesia, Jenaro Oraá Mendía, fue probablemente el último vecino de Santurtzi en enterarse del triste suceso. Se encontraba enfermo y en cama debido a una afección cardíaca y no se le dijo nada de lo ocurrido por temor a que la noticia le causara la muerte. Una vez sofocado el incendio por los propios vecinos de Santurtzi, a los que el Ayuntamiento proporcionó la única manguera que tenía, el panorama que presentaba el interior de la iglesia de san Jorge era desolador.

Unas postales fotográficas, que aunque no corresponden exactamente a 1932 sino a algún momento anterior, hacia 1920 (algunas imágenes se han cambiado por otras), nos permite hacernos una idea de cómo era el interior de San Jorge.

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Quedó totalmente carbonizado el altar mayor, instalado en 1887, compuesto de varios cuerpos, el central, dedicado a la Virgen del Carmen y los otros a San Jorge (superior), a la Milagrosa (a la derecha) y al Sagrado Corazón de Jesús (a la izquierda), estas dos últimas imágenes adquiridas por suscripción popular entre las familias de los pescadores. Parece ser que esta última imagen se salvó, según nos cuenta Jesús Díez en su documentado libro sobre el centenario del patronazgo de la Virgen del Carmen en Santurtzi.patronazgo

Los altares contiguos al mayor, consagrados a la Dolorosa y a la Inmaculada, y los laterales dedicados al culto de san José (nave izquierda) y san Roque (nave derecha), sufrieron desperfectos de menor gravedad.

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También se quemó el tabernáculo (sagrario donde se guarda el pan consagrado en la eucaristía) que contenía preciosos objetos de culto. Entre los escombros se encontró un cáliz intacto y otro retorcido por el calor. En el coro, los destrozos fueron enormes. El órgano, recientemente restaurado, sufrió daños de consideración.

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El incendio ocasionó, además, la aparición de grietas en la cúpula, el deterioro de las vidrieras de la procesión marítima y de san Ignacio, el ennegrecimiento de las paredes y diversas pinturas, bancos, sillas y reclinatorios quedaron carbonizados. Los daños ocasionados por el incendio se valoraron en 200.000 pesetas de la época.interior-san-jorge-tras-incendio-1

Pero la pérdida más sensible fue la de la venerada imagen de la Virgen del Carmen, talla de madera antigua y de gran valor entronizada en la nueva capilla del convento de los Carmelitas del Desierto de Sestao en 1804. Tras la desamortización, fue traída del extinguido convento a Santurtzi en 1841. A continuación dos imágenes de la Virgen del Carmen original, de la década de 1911-1920:

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Por lo tanto, ni la que está actualmente en el altar mayor ni la que se saca en procesión cada 16 de julio son la original. Esta última, que guarda un gran parecido con la calcinada en el incendio, es casi centenaria y fue regalo de Casilda de la Quintana Murrieta.

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Recientemente, la casualidad ha permitido que descubramos que un importante elemento artístico, sufrido paciente de aquellos hechos, existe todavía. En la inauguración de la exposición sobre exvotos marineros en la que tanto protagonismo tuvo Mamariga, Juan Manuel González Cembellín, director técnico del Museo Diocesano de Arte Sacro, nos sorprendió con la noticia de que el tímpano de madera que coronaba el acceso a la iglesia se conservaba, muy deteriorado, en los depósitos del museo desde 1981. Este tímpano, que hemos tenido la oportunidad de ver y fotografiar gracias a la amable colaboración del citado Juan Manuel G. Cembellín, merece que le dedique una próxima entrada. Como adelanto, una imagen nunca antes publicada.

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El 18 de enero de 1936, cuatro años después, se celebraba la restauración del altar (fielmente reproducido), sagrario, ostensorio e imágenes. Pero la iglesia todavía tendría que padecer un nuevo siniestro. El 29 de abril de 1937 Santurtzi sufrió un ataque aéreo por parte de la aviación facciosa y una de las bombas lanzadas atravesó la cúpula de la iglesia provocando daños al comulgatorio y a las vidrieras, que fueron nuevamente restauradas.

Para la redacción de esta entrada he podido consultar el inédito trabajo de investigación de Eduardo Renobales sobre la II Repíblica y la Guerra Civil en Santurtzi y así corregir algunos datos erróneos de mi redacción original. Eskerrik asko!