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El actual potencial turístico de Santurtzi hunde sus raíces en la segunda mitad del siglo XIX, significativamente durante la Belle Époque, un periodo de la historia europea que podemos situar cronológicamente entre 1871 y 1914 aproximadamente. Una época de profundas transformaciones sociales, económicas y culturales generadas por el progreso científico y las innovaciones tecnológicas, la denominada segunda revolución industrial.

La Belle Époque fue denominada de esa manera al comienzo de la devastadora Gran Guerra (la primera guerra mundial) para manifestar la añoranza por el paraíso perdido, el periodo de paz y prosperidad abruptamente interrumpido por la guerra y, en parte, con bastante ironía, como crítica a aquella manera de vivir de la alta sociedad del momento: elegantes a la par que distinguidas señoras, espléndidamente vestidas, y refinados caballeros reunidos en los salones de sus mansiones, como salidos de las páginas de las novelas de Tolstoi, matando el tiempo sin saber muy bien en qué.

Santurtzi, esa remota aldea perdida en la costa del Golfo de Bizkaia, no fue ajena a esos profundos cambios, a esa globalización (que no es únicamente cosa del presente) que uniformó modos de vida como nunca antes había sucedido en la historia.

Desde mediados del siglo XIX Santurtzi, al igual que otras localidades costeras del Abra, manifiesta cierto atractivo para las clases pudientes bilbaínas entre las que se ha puesto de moda tomar terapéuticos baños de ola durante los periodos estivales. No era algo exclusivo o novedoso pues no hacían sino reproducir modos de vida de la realeza, aristocracia y alta burguesía europeas. En nuestro entorno más cercano, San Sebastián y Biarritz constituían los modelos a imitar y así lo hicieron los bilbaínos de pro en Las Arenas, Portugalete y Santurtzi.

balneario arenas

En el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar,  magna obra compuesta por 16 volúmenes y publicada por Pascual Madoz entre 1846 y 1850 ya se señala este hecho. En el tomo XIII, pág. 856, podemos leer lo siguiente:

Madoz T.XIII

Y en el tomo XVI, pág. 375, podemos leer lo siguiente:

Madoz T.XVI

El devenir de los tiempos, el triunfo de la ideología liberal, supuso a mediados del siglo XIX importantes transformaciones políticas y sociales. En 1847 se puso fin al ente administrativo denominado Tres Concejos del Valle de Somorrostro en el cual estaba incluido Santurtzi, que comenzaba entonces a caminar solo. Desde 1855, la aplicación de la ley desamortizadora de Madoz puso en venta una ingente cantidad de bienes inmuebles propiedad hasta entonces de los municipios (los denominados propios y comunes) que son comprados por acaudalados burgueses que buscan invertir en bienes raíces. Y así comienza la transformación de Santurtzi.

Puerto S.XIX-9

En 1859 Cristóbal Murrieta facilitaba la financiación de la construcción de una carretera entre Santurtzi y Portugalete, la actual avenida Murrieta y el mismo Murrieta gestionó que en 1866 se acrecentasen los límites jurisdiccionales de Santurtzi al incorporarse el Barrio Nuevo, es decir, La Chicharra, Coscojales y Campo Grande-Peñota, algo muy significativo para explicar el establecimiento de una colonia veraniega en el litoral adyacente a la playa de Portugalete.

Y es por entonces, una vez incorporados esos terrenos a nuestro municipio, cuando se construye el muelle viejo (en agosto de 1865 fue aprobado por el Ministerio de Fomento el proyecto presentado para la construcción de una dársena a expensas de la Cofradía de Mareantes y de algunos particulares), al lado del pórtico de la iglesia de San Jorge, y el dique que limita toda la rada, dando lugar a un espacio plano, no muy ancho, por donde discurre la carretera (y después el tranvía), a la que los santurzanos comienzan a llamar jocosamente el Boulevard.

D4 (1906)

El final de la III Guerra Carlista en 1876 permitirá dar un nuevo impulso al atractivo turístico del litoral costero del Abra de Bilbao en el que despunta Portugalete. El desarrollo de los transportes colectivos lo facilita en gran medida. El establecimiento de las líneas de tranvía  de tracción animal Bilbao – Las Arenas en 1876 (electrificada en 1897) y Bilbao – Santurce en 1882 (electrificada en 1896) y de ferrocarril Bilbao – Las Arenas en 1887 y Bilbao – Portugalete en 1888 (a Santurtzi no llegará hasta 1926 y su propósito fundamental no será ya el transporte de personas, sino de mercancías) son elementos imprescindibles para explicar el desarrollo turístico del tramo final de la Ría. La puesta en marcha, el 1 de febrero de 1896, del primer tranvía eléctrico del país colocó a Bilbao, y a los pueblos del Abra, en vanguardia indiscutible del progreso a finales del siglo XIX.

vista con tranvía

Para conocer con detalle cómo era Santurtzi os recomiendo leer la entrada titulada Paseo por Santurtzi a fines del siglo XIX y la publicación Santurtzi 1900 elaborada por la Red de Bibliotecas y editada por el Ayuntamiento con motivo del Día del Libro de 2015.

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Santurtzi pese a no tener grandes arenales se puso de moda para tomar exclusivamente baños de mar. El Ayuntamiento, consciente de los ingresos económicos y el prestigio social que este selecto turismo veraniego proporcionaba a la localidad, acondicionó un espacio entre los riscos, denominado Lo Liso, a la izquierda del antiguo puerto pesquero, para facilitar los baños de ola (incluyendo las típicas casetas) y para pasear durante las tardes del estío. Más tarde realizó obras para dar paso y unión entre Lo Liso y La Llana, porque redunda en gran beneficio de los muchos bañistas que acuden a dicho punto y, por lo tanto, al crecimiento de la población con la llegada de forasteros.

Detalle puerto 10

lo liso - copia

El otro espacio en donde los turistas disfrutaban del mar y la brisa marina era el denominado La Pesquera, al pie de los acantilados de Campo Grande, hasta donde llegaban las arenas de la playa de Portugalete durante la marea baja.

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Frente costero marea baja

En la prensa y guías turísticas de la época se publican noticias y reseñas sobre el atractivo turístico y las bondades de la localidad, fundamentalmente del entorno del puerto. Así, en la Guía histórico-descriptiva del viajero en el Señorío de Vizcaya en 1864 por Juan E. Delmas podemos leer lo siguiente en las pág. 115, 117 y 119, respectivamente:

Santurce lugar de veraneo en 1864 en Delmas-1 - copia

Santurce lugar de veraneo en 1864 en Delmas-2 - copia

Guía Delmas 1864-3 (p.119)

El 11 de diciembre de 1877, una reseña, muy anticuada ya para la época, y un grabado de Santurtzi antes de la construcción del muelle viejo protagonizan la portada de El Globo.

El Globo 1877

En 1879, la Guía hidrológico-médica de Vizcaya de J. Gil Fresno publica la siguiente referencia sobre la localidad y las bondades de los baños de ola en la pág. 267:

Santurce lugar de veraneo en 1879 (guía hidrológica-médica) 0273

El 6 de agosto de 1893, El Noticiero Bilbaino publica una crónica de sociedad al respecto:

Santurce lugar de veraneo en 1893 - copia

En El Liberal, el 1 de septiembre de 1894 se publica una reseña del periodista Fabián Ortiz de Pinedo referente a las playas del Abra en la que se puede leer lo siguiente:

Santurce lugar de veraneo en 1894-2 - copia

Una crónica de sociedad, publicada el 3 de agosto de 1894 en el periódico El Día, nos informa de los visitantes ilustres ese verano:

Santurce lugar de veraneo en 1894

El 1 de febrero de 1896 se inauguró, con toda la expectación y el boato esperados, el tranvía eléctrico de Bilbao a Santurce. Los 14 kilómetros que separan estas localidades se realizaba en 63 minutos,  27 menos que con la fuerza animal. Todo por el módico precio de 35 céntimos. Las posibilidades que presentaba el tranvía eléctrico eran innumerables. Su funcionamiento se adaptó a las demandas que imponían las estaciones. En verano, ofrecía servicios al modo de una agencia de viajes. En las oficinas de Bilbao, Luchana, Desierto y Sestao se vendieron tarjetas de abono «para nueve viajes de ida y vuelta, y nueve baños de mar fríos, en combinación con las bañeras de Santurce, Luisa Ruiz y Agapita Hurtado, y con opción a dos servicios, caseta y bañero o caseta, traje de punto y sábana», a 7,50 pesetas cada una.

baños de ola

Casetas Lo Liso (determinar donde)

El turismo estival de “brisa y baño de ola” comenzaba a popularizarse. Aun así, las crónicas de sociedad siguen citando a los ilustres visitantes de Santurtzi en 1896, como podemos leer en la siguiente reseña publicada en el periódico La Época el 28 de agosto:

Santurce lugar de veraneo en 1896

Durante el verano de 1897 el periódico Nuevo mundo publica una artística reseña sobre Santurtzi en la que, además de las bondades de los baños de ola, aquí denominados de forma más técnica (hidroterapia), nos recuerda el duro y arriesgado trabajo de los pescadores.

Santurce lugar de veraneo en 1897 - copia

En 1900, en el Anuario-almanaque del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración, la referencia a Santurtzi sigue incidiendo en que es un puerto de mar muy concurrido en la temporada de baños.

Santurce lugar de veraneo en 1900-1

Y en 1901, en la revista Blanco y negro se publica un bonito reportaje sobre las localidades del Abra, sus atractivos turísticos que comienzan a acusar las consecuencias de la alteración de las corrientes marinas por las magnas obras del Rompeolas y contramuelle, y el quehacer diario de los veraneantes y sus hábitos de ocio.

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En 1911, casi al final de este periodo, de nuevo la revista Blanco y negro publica otro reportaje sobre los ideales pueblecitos del Abra.

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El turismo generaba un considerable aumento de la población en la estación veraniega, pues a los turistas estacionales, viajeros ocasionales y paseantes, se les unía el personal de servicio para atender esas necesidades recreativas. En total, unos 800 cada verano, según citan algunas fuentes. Para alojar a los turistas de temporada y ocasionales de clase media surgen, además de numerosas habitaciones en domicilios particulares, las fondas, la mayoría de pequeño tamaño, aunque en 1863 se edificó una de grandes proporciones, constituyendo uno de los edificios más grandes de la localidad, la fonda de Domingo Blanchard, situada frente al puerto, al lado de la iglesia de San Jorge. Contaba con numerosas habitaciones y las comodidades habituales de la época, incluso una casa de baños de mar calientes en su piso bajo. En la prensa de la época podemos leer lo siguiente en una noticia de 28 de julio de 1862 publicada en La Correspondencia de España:

Fonda Mediados de 1862

A propósito de esta fonda y de las virtudes de Santurtzi como destino turístico podemos leer en la pág. 118 de la obra de Delmas ya citada:

5 Guía Delmas 1864-3 - copia

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Existe constancia de otras fondas, la de Astaburuaga, la de Cabrera (citada ya en 1879), la Fonda Restaurant La Provinciana en el Paseo del Rompeolas, sucursal de la casa matriz de la calle Bidebarrieta en Bilbao, etc. En julio de 1870 se publica la siguiente noticia sobre la primera:

2 Fonda 1870 de Astaburuaga, julio de 1870

En 1900 se citan las fondas de León Castañedo, Melchor Uriona y Manuel Zulaica. En 1930, según la guía Vizcaya en la mano, con el litoral ya alterado por la acción humana, todavía se pueden encontrar algunos establecimientos hosteleros en el municipio:

Hoteles y hostales en 1930

Los turistas más acaudalados, que solían pasar toda la temporada veraniega en el litoral comprendido entre el puerto pesquero y los límites con Portugalete, edificaron residencias estivales, casas de campo, chalets y palacetes de efectista y variada arquitectura, edificados al borde del acantilado para disfrutar de las vistas y las brisas, para ver y ser vistos (y envidiados). Se trata de las residencias de los Quintana Murrieta, Sanginés Balparda, Arana Bildosola, Amezaga, Taramona, Oraá, etc. hasta llegar a la casa de Lucas Urquijo, actualmente el hotel Palacio de Oriol, y el chalet de Mazas sobre el acantilado que dominaba la playa de Portugalete.

Santurtzi 1891 o 1892

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Peñota-3

En el núcleo del municipio, el marqués de Casa Torre hace rehabilitar el antiguo palacio de los Hormaza para adaptarlo a las modas del momento, dotándolo de su característico mirador. Un poco más arriba, camino de Mamariga, los marqueses de Santurce restauran su palacete, cuyo frondoso jardín de exótico arbolado llega al borde de Lo Liso.

Panorámica (no está en Amann)

Y en el centro del barrio de Mamariga, en 1899, el acaudalado propietario de minas Francisco Mac Lennan erige la residencia que, por su extraordinaria ubicación, tiene las mejores vistas del Abra, el chalet Mac Lennan.

Vista de Mamariga (2)

Desde los últimos años del siglo XIX, durante el verano no había celebración que no incluyera en el programa de fiestas unas regatas de bateles, de traineras o de veleros. Las postales y fotografías de época lo corroboran.

En este contexto se explica que la disputa política (las tensiones entre el Santurce costero y el Santurce minero) respecto a la ubicación de una nueva casa consistorial acorde a las necesidades de un pueblo en expansión constituyese uno de los casus belli para la división del entonces Concejo de Santurce en los actuales municipios de Santurtzi y Ortuella en 1901.

El relleno de la costa entre Portugalete y Santurtzi en 1906-1908 y la subsiguiente construcción del nuevo puerto pesquero provocará que la actividad turística se traslade a la margen derecha, a Costa Rica, en donde también se producen algunas transformaciones. El deterioro de la playa de Las Arenas, por la construcción del Muelle de Hierro de Churruca, supuso una ventaja para la playa de Ereaga favoreciendo así mismo el nacimiento del Balneario de la Perla, derribado tras los efectos de un temporal y reemplazado por el conocido como Igeretxe en 1912.

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Santurce relleno

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Hacia 1935 el antaño salvaje litoral costero de Santurtzi entre Portugalete y el Rompeolas, profundamente alterado por la acción humana, carece ya de cualquier interés turístico. Solo el puerto pesquero, sus sardineras y su producto estrella, la sardina del Abra, pueden entonces considerarse atractivos reseñables, pintorescos, en un Santurtzi que será nuevamente alterado, transfigurado por el desarrollismo de los años 50 y 60 del siglo XX en una ciudad sin personalidad que, afortunadamente, hemos recuperado en estos últimos 15 años.

No puedo concluir la entrada sin agradecer a Iñaki Citores Antón y Francisco Javier Pérez Cano su colaboración por facilitarme varios de los recortes de prensa publicados en esta entrada.