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Hoy 8 de septiembre (festividad de la Virgen del Mar, advocación a la que está dedicada la iglesia de Mamariga) se celebra el cincuentenario de la inauguración de uno de los dos monumentos más representativos y conocidos del municipio (el otro es la estatua de la Virgen del Carmen en el puerto pesquero), aniversario que no va a pasar inadvertido como el de hace 25 años.

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Ubicada en el parque al que da su popular nombre, el parque de La Sardinera, en el centro de un espacio dignificado por una pérgola, se erige una estatua de 2,5×0,7×0,7 m, sobre un sobrio pedestal de piedra, realizada por el escultor Joaquín Lucarini Macazaga (Fontecha, 1905- Burgos, 1969), autor también, entre otras, de la conocida escultura del tigre de Deusto.

Joaquín Lucarini

Tigre de Lucarini

La propuesta de erigir el monumento la presentó el alcalde de entonces, Hilario Pérez-Rasilla Hierro, el 20 de agosto de 1963. El primer boceto modelado por el autor como paso previo medía tan solo 71 cm y ya estaba concluido para esa fecha. Así pues, se realizaron gestiones previas que desconozco hasta el momento. A partir de dicho modelo Lucarini pretendía esculpir la escultura en piedra blanca de Hontoria, de la misma cantera de la que se extrajo la piedra para la catedral de Burgos, el pedestal sería de caliza gris de Mañaria e invertir en su trabajo unos cinco o seis meses. Y se proponía ubicarla en el actual parque central.

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Sin embargo, para finales de octubre algunas características del proyectado monumento variaron. La obra se realizaría en bronce mediante el procedimiento que se denomina a la cera perdida (para el que hace falta un modelo exacto a tamaño real) por la ya centenaria Fundición Codina de Madrid, donde se han fundido los modelos esculpidos por numerosos artistas nacionales y extranjeros.

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El coste del monumento, sufragado por subscripción popular, se estimó en aproximadamente 350.000 pesetas de la época, unos 70.000 euros en la actualidad, aplicando el incremento del IPC y demás. En su época era lo que comúnmente se decía un dineral. El Ayuntamiento contribuyó inicialmente con 50.000 pesetas.  IMG_9433

La escultura adopta una postura cotidiana, naturalista, costumbrista, pues pretende evocar una figura popular con una iconografía bien conocida, con una postura habitual en el arte escultórico denominada contrapposto (término italiano que designa la oposición armónica de las distintas partes del cuerpo de la figura humana) que proporciona cierta sensación de movimiento y contribuye a romper la ley de la frontalidad. Una de las piernas está fija en el suelo y la otra se adelanta, los brazos también en oposición, flexionados hacia arriba y abajo respectivamente, mientras la cabeza mira hacia un lado.

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Lleva una banasta bien fijada gracias al sorki sobre su cabeza, cesta que sujeta con su brazo derecho, mientras que el izquierdo se apoya en la cintura. La falda está remangada por uno de los lados luciendo la pantorrilla y presenta una textura de malla. El cuerpo está erguido y tiene un modelado muy vivo. El rostro evidencia el impulso de la voz y se muestra equilibrado y vibrante.IMG_9428

En la base, detrás de los pies descalzos de la figura, se encuentra un ancla atada a un chicote de cuerda, que cumple dos funciones: una práctica (garantizar la estabilidad de la escultura) y otra simbólica (evocar el mundo de la mar y la pesca, en el que está anclado nuestro pasado).

Chicote y ancla

La estatua presenta un notable grado de idealización, no solo por ser de mayor tamaño que el natural, sino porque además la sardinera se representa como una mujer joven y esbelta, ataviada con la típica indumentaria de las sardineras del Abra, mostrando la dignidad, el orgullo y el peculiar carácter de estas infatigables y abnegadas mujeres. Es un trabajo característico de la última etapa del escultor alavés, avecindado en Bilbao desde su infancia.

Desde un punto de vista social, la escultura de la sardinera tiene un valor que no suele reconocerse habitualmente. Se trata de una de las primeras esculturas públicas conmemorativas que representan de forma independiente a una mujer sencilla, campechana, humilde y anónima. Todo lo contrario a lo que venía siendo habitual encontrar en las calles y plazas hasta ese momento (si exceptuamos algún escasísimo precedente durante la II República). Es verdad que a partir de los años 50 se erigen algunas escasas estatuas de corte costumbrista o regionalista, pero siempre de sexo masculino o formando un conjunto, pero nunca una mujer en solitario, protagonista.

El propio Joaquín Lucarini es autor (en 1932) de una escultura en mármol que reproduce a una anónima niña leyendo (Leyendo es precisamente su título), ubicada en 2002 en el bilbaíno parque de Doña Casilda pero la finalidad de esta escultura es mostrar el valor la lectura como parte del proceso de aprendizaje y del desarrollo humano.

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Sin embargo, con la sardinera el mensaje a transmitir es distinto. No se trata de una alegoría, de una representación simbólica de valores morales o virtudes públicas, conceptos abstractos, ni representa a una virgen, santa, diosa o musa de la mitología clásica. Tampoco homenajea a un personaje femenino de alta alcurnia, ni a una reputada científica, académica o literata (que hasta el momento tampoco eran tantas…).

0 Escultura en Barcelona (Eusebi Arnau) (1929)

Estamos ante uno de los primeros monumentos erigidos a la mujer trabajadora, tan habituales como “descafeinados” estos últimos años. Un sentido homenaje, en nuestro caso, a la mujer dinámica, enérgica, sacrificada, trabajadora dentro y fuera de su casa, en un contexto especialmente duro, el de la venta ambulante del pescado capturado con gran esfuerzo, sobre todo hasta la llegada del ferrocarril a Portugalete (1888) y finalmente a nuestro municipio (1926).

Aunque encarnada en la figura de la sardinera, no nos debe hacer olvidar a las otras mujeres trabajadoras del sector: las rederas, las conserveras, las estibadoras o portuarias, entre otras. La industria pesquera santurtziarra funcionaba en cadena y la mujer era quien la engrasaba.

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Homenaje al mundo de la pesca que, en mi opinión, debería completarse con una estatua similar dedicada al arrantzal/bogador en el puerto pesquero, como ya he comentado en alguna otra ocasión.

Monumento al remero de Fructuoso Orduna Lafuente

Y como la ocasión lo merecía, el NO-DO del 28 de septiembre de 1964 recogió la inauguración del monumento a la sardinera. Se puede ver en el siguiente enlace.

Acabo la entrada con unas cuantas fotografías de aquel 8 de septiembre de 1964, con mísa de campaña incluida, algunas de ellas inéditas hasta ahora:

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Noticia inauguración en la Gaceta del Norte

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Las dos fotos unidas

Y con otras de su reinauguración el 22 de diciembre de 2009, tras su restauración, realizada aprovechando las obras de mejora del parque de la Sardinera:

 Primi y Fidela

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Adenda [julio 2015]:

Respecto a la polémica que ha suscitado desde siempre el rostro de la escultura, su posible identificación con una sardinera real y concreta, un hijo del escultor ha propuesto la alternativa más plausible. Miguel Ángel Lucarini Gobantes ha declarado, en el transcurso de la ceremonia de entrega de los premios Sardina de plata 2015, que la mujer que inspiró el rostro de la escultura fue Concepción Gobantes, la esposa del escultor, que le servia de modelo para todas las figuras femeninas que esculpía.

Sin embargo, tampoco podemos dejar de tener en cuenta las declaraciones realizadas en 1976 por Pablo Vélez que se pueden escuchar en este fantástico audio y que no son del todo incompatibles con lo referido por Miguel Ángel Lucarini. En el transcurso del proceso creativo de la escultura, Joaquín Lucarini se acercó a Santurtzi a conocer el ambiente, a las sardineras y su entorno. Lógicamente se inspiró en diversas sardineras de carne y hueso para dar forma general a la escultura. Pero el rostro, si nos fijamos en otras esculturas femeninas del autor que podemos admirar en diversas ubicaciones en Bilbao, Vitoria o Logroño, por poner unos ejemplos, es muy similar en todas ellas. Y es, según ha desvelado Miguel Ángel Lucarini, el de su madre, Concepción Gobantes.

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