El colegio Santa María – Hijas de la Cruz va a festejar por todo lo alto el 150 aniversario de su actividad asistencial y docente en Santurtzi. Los actos comienzan este viernes 21 de enero con la participación de los 500 alumnos del centro que conformarán una gigantesca cadena que rodeará todo el perímetro del centro escolar. Al día siguiente, se celebrará un acto institucional al que acudirán, entre otros, la consejera de Educación, el obispo de Bilbao, el presidente de la Red de Escuelas Cristianas de Euskadi, el alcalde de Santurtzi y la presidenta de la Asociación Clara Campoamor, Blanca Estrella Ruiz Ungo, antigua alumna.

Durante el acto de apertura del ciclo de actividades que van a tener lugar a lo largo de los próximos meses se va a proyectar un documental realizado por nuestro vecino José Antonio Seoane, del cual ya hemos hablado en este blog. Próximamente se podrá visualizar una versión reducida en youtube.

Las celebraciones continuarán tras Semana Santa con exposiciones y conferencias sobre la labor de la congregación. Una carrera popular y una misa multitudinaria oficiada por el obispo de Bilbao cerrarán los actos.

Para conocer la historia del colegio, tenemos que remontarnos hasta mediados del s. XIX. La congregación de las Hijas de la Cruz, fundada en 1807 por el sacerdote San Andrés Huberto Fournet (1752-1834) y Santa Juana Isabel Bichier des Ages (1773-1838), se había extendido por buena parte del sur de Francia, especialmente el País Vasco Francés.

Cristóbal de Murrieta oye hablar del buen hacer de las hermanas, que habían sido llamadas a Bilbao para atender un orfanato, una escuela y un taller para niños pobres en 1859.

Conoce al capellán de las Hijas de la Cruz de Bayona, el Sr. Quevedo, que había intervenido en la instalación de la congregación en Bilbao y recurre a él para que medie ante el Superior General a fin de que envíe religiosas a Santurtzi, con el fin de atender, educar y formar para el trabajo a 22 huérfanas y niñas pobres de Santurtzi, Portugalete y Mercadillo (Sopuerta), que se financiará mediante una fundación instituida y dotada de medios económicos por él mismo.

Así, a finales de 1860 llegan a Santurtzi las primeras cinco hermanas, que en 1861 comienzan su labor asistencial y docente, que ha perdurado en esta última faceta hasta la actualidad.

En los años siguientes se van perfilando y asentando los objetivos de la Fundación:

-la educación cristiana, elemental y gratuita de las jóvenes.

-crear un establecimiento de caridad como internado para niñas huérfanas y abandonadas, de estos municipios.

-las clases externas serán gratuitas, se enseñará lectura, escritura, cálculo y trabajos manuales útiles para ellas, pero el alma de toda su enseñanza será la religión católica

-en el caso de las huérfanas, las hermanas les formarán:

  • en diversos trabajos de aguja
  • en los quehaceres de la casa
  • en la lectura, escritura y cálculo
  • en la instrucción en las verdades y prácticas de la religión católica

Más tarde, el colegio abrió un internado para niñas y jóvenes de otras localidades. Se fueron adaptando las enseñanzas impartidas a los distintos sistemas educativos y a las necesidades de los tiempos.

El 18 de mayo de 1930 se inauguró un nuevo edificio (el que tiene su acceso por la calle Las Viñas) que había sido financiado por Aurora Bildosola, benefactora del Patronato de Santa Eulalia.

El colegio pagó su tributo a las costumbres de la época y durante varias décadas estuvieron separadas las alumnas de pago de las gratuitas. Así fue hasta que, en el curso 1966-1967, estando de Directora y Superiora una hija del pueblo, se hizo la fusión total, volviendo al espíritu de los fundadores. En este contexto es interesante mencionar un apelativo empleado para denominar cariñosamente a los alumnos de corta edad: los cagonillos.

Su origen está narrado en la obra Monólogos de una sardinera santurzana. En principio, se trataba de un colegio para niñas pero admitía niños hasta los seis años para aprender las primeras letras. Al cumplir esa edad debían abandonar el colegio y acudir, si podían, a la escuela pública, la ubicada desde finales del siglo XIX en donde en la actualidad está el euskaltegi y la escuela de idiomas. Pues bien, a esas aulas mixtas de niños y niñas de corta edad (también llamados párvulos o parvulitos) ubicadas en el colegio de la Cruz se las denominaba popularmente la escuela de los cagonillos y de ahí la denominación pasó al espacio inmediatamente adyacente al colegio, su patio de recreo.

El término cagonillo para referirse a esos párvulos fue introducido y empleado por una de las monjas, de origen navarro, que atendía a los más pequeños de los entonces mal llamados “sin pago”. Estos niños ocupaban la clase que da al patio de entrada por la Escuela de Náutica y tenía su recreo justo delante de esa clase, enfrente de la capilla, en el hueco que hay entre el edificio de la Escuela de Náutica y el colegio de las Hijas de la Cruz. No a todos los parvulitos se les llamaba así: a los “de pago” se les llamaba francesitos y su recreo estaba en el patio interior, el grande, del colegio. Las clases y patios de recreo de los alumnos “de pago” estaban completamente separadas de las clases y patios de recreo de los alumnos “sin pago” hasta el curso 1966-1967.

En el curso 1996-1997, respondiendo a las exigencias de las nuevas reformas educativas, el colegio se hace mixto en su totalidad y se inicia la colaboración con el Patronato de Santa Eulalia para impartir la formación correspondiente a la ESO.