Aprovechando que he comenzado una investigación genealógica (que en mi caso es como hacer un sudoku, cuanto más complicada, más entretenida) para un buen amigo, voy a intentar aclarar ciertos malentendidos, demasiado habituales.

Me suelen preguntar muy a menudo cuál es el escudo que corresponde a tal o cual apellido. No me canso de repetir que es una pregunta improcedente porque, como ya he comentado en este blog, los apellidos no tienen escudo, lo tienen los linajes (y no todos). Por otra parte, para intentar averiguar si algún antepasado ha usado escudo heráldico es imprescindible hacer una investigación genealógica.

Una investigación genealógica en profundidad es una tarea ardua, exige mucho esfuerzo (y a veces escasos resultados) y cara, tanto si la  hace uno mismo como si la encarga a un profesional (hay que asegurarse  de que lo sea).

En primer lugar, en mi caso, suelo hacer una investigación que abarque cuatro o cinco generaciones de antepasados, los 48 primeros apellidos, hasta agotar las posibilidades que ofrecen los registros civiles (que comienzan en 1870 aproximadamente y cuyos trámites son gratuitos). Para comenzar con buen pie y realizar el mínimo esfuerzo en este primer estadio de la investigación es fundamental recopilar la mayor cantidad posible de  datos, comenzando por la persona que tomamos como origen o principio de nuestra investigación.

A mi amigo le he pedido su nombre y dos apellidos, fecha y lugar de nacimiento. Lo mismo de sus padres y abuelos, y fecha y lugar de matrimonio si lo conocen o recuerdan. Es muy importante partir de unos datos conocidos y lo más exactos posibles. También le he pedido que rebusque en casa de sus padres, tíos y abuelos, para ver si encuentra carnets de identidad, libros de familia, esquelas y recordatorios de defunciones.

Con todos estos datos se plantea un árbol genealógico inicial, un boceto, que habrá que conformar y completar con sucesivas generaciones.

Una vez recopilados todos estos datos se puede acudir en persona a los registros civiles de los municipios donde nacieron, casaron o fallecieron nuestros antepasados para solicitar certificados literales de nacimiento, matrimonio y fallecimiento (facilitando el nombre del barrio u otra entidad menor al municipio, si es necesario y lo conocemos).

Las partidas literales de nacimiento proporcionan la fecha, el lugar, el  nombre, el origen y el domicilio de los padres y, generalmente, también de los abuelos paternos y maternos. Las partidas literales de matrimonio facilitan el nombre de los cónyuges, su estado civil, nombre de  los padres, lugar y fecha, entre otros datos. Finalmente en las partidas literales de fallecimiento aparece la fecha, el lugar, el nombre, la edad y, a veces, si testó, ante qué notario, el lugar del entierro, la causa del óbito, nombre del viudo o viuda, hijos…

En importante conseguir el máximo número de certificados de cada individuo porque  cuanto más retrocedemos en el tiempo hay más probabilidad de que aparezcan datos erróneos que nos pueden conducir a un círculo sin salida. Sin embargo, contrastando los tres certificados que podemos conseguir de cada antepasado este tipo de problemas suele resolverse fácilmente. En otras ocasiones, también es conveniente contrastar la información de nuestros antepasados directos con la de familiares colaterales (tíos-abuelos, tíos-tatarabuelos, etc.).

Para los que no pueden desplazarse a cada una de las localidades de las cuales son originarios nuestros antepasados hay dos estupendas soluciones: solicitarlos a través del registro civil del municipio en el que residimos o bien a través de Internet (dos direcciones, www.justizia.net y www.justicia.es). Vuelvo a recordar que el límite cronológico es el año 1870 (más o menos) y que si realizamos los trámites vía Internet los datos tienen que ser exactos o muy, muy aproximados, de lo contrario, desestimarán nuestra petición.

Todos estos  trámites son fáciles de realizar y, vuelvo a repetir, son gratuitos; por lo tanto, no es inteligente encargar a un profesional la investigación de una genealogía que pueda confeccionarse con los datos proporcionados por los respectivos registros civiles.

Confeccionar este árbol genealógico inicial (árbol de costados de cuatro o cinco generaciones) nos habrá llevado unos dos o tres meses, dependiendo de la exactitud de los datos que aportamos en las solicitudes a los registros civiles y de la diligencia y carga de trabajo de los funcionarios correspondientes. Y de lo “viajeros” que hayan sido nuestros antepasados. No hay que olvidar que podemos encontrarnos con individuos, hijos de emigrantes, que han nacido en el extranjero, con lo que nuestra investigación se hará un poco más difícil y menos rápida.

Respecto a los funcionarios encargados de los registros civiles, yo he tenido muy buenas experiencias. Cuando se ha dilatado el tema ha sido porque partía de unos datos poco concretos (no había de dónde rascar). Tampoco podemos olvidar que no es lo mismo el registro civil de una gran ciudad (mucho más impersonal, mucha más carga de trabajo) que el de una pequeña localidad (falta de recursos, tanto humanos como materiales, no hay registros informatizados y el funcionario trabaja sólo algunos días a la semana). Hay que ser metódico, tener paciencia y, vuelvo a repetir, facilitar el trabajo (también a Correos, si los trámites los realizamos por nuestra cuenta).

A partir de este punto, hay que valorar si queremos continuar con nuestra investigación, cuál será nuestro objetivo (crear un árbol genealógico familiar, realizar el estudio de una única línea, etc.) y hasta dónde queremos llegar, porque los trámites serán más dificultosos y habrá que pagar por ellos, al tener que recurrir, entre otros, a los archivos parroquiales.

Generalmente, yo recomiendo realizar una investigación del primer apellido paterno y/o del primer apellido materno, siguiendo la línea de hijo a padre, lo que se denomina línea agnada, tratando de retroceder en el tiempo lo más lejos posible. En el caso del apellido materno, partiendo del abuelo paterno de la madre. Pero esto son sólo sugerencias, depende de lo que se quiera invertir, en tiempo y en dinero.

Y como ya he comentado, una vez agotada la vía de los registros civiles, habrá que recurrir a otras fuentes, fundamentalmente a los archivos parroquiales donde se conservan los libros de registro de los sacramentos (bautismo, matrimonio, defunción, más raramente confirmación). Éstas y otras fuentes documentales más complejas serán comentadas en la próxima entrada.